miércoles, 9 de noviembre de 2011

holaaa!

holaaa a todos , si es q alguien no sigee jajaj .. si a alguien le interesa aca les dejo mi facebook : Gonza Castiglione ... si ieren me agregann o haganme preguntas , lo q sea .... si veo q a alguna persona le interesa lo q escribimos es probable q lo continuee

martes, 19 de julio de 2011

Atraso...

Disculpen por las demoras de los capitulos, pero para ponernos al dia no vamos a publicar capitulos nuevos hasta agosto.

domingo, 10 de julio de 2011

Capitulo XV: Sangre derramada



Eino corría a través de aquel enorme cañón, seguido de Fanix y Satirycon. La niebla impedía ver a lo lejos, pero se sentía la tensión de aquella sangrienta emboscada.
El blandir de las espadas, los gritos de guerra, las desgarradas penas sufriendo, pidiendo piedad, toda T´aguhi estaba siendo asesinada. La luz del sol era lo único más efímero que la vida de los guerreros en la batalla, que ya se podía ver acercándose a lo lejos, como una imagen borrosa.
La niebla comenzó a espesarse, ya no se veían las paredes del cañón, ni la batalla. Aunque ya estaba muy cansado, siguió trotando; debía guardar energía para la batalla.
El campo se acercaba, ya se sentía el hedor de la sangre, penetrante; el hedor de los cuerpos y el olor a metal caliente, proveniente de las espadas entre chocantes, golpeando a matar o morir, y resquebrajando los corazones de tantas familias, matando gente inocente en esa orgia sangrienta de bandos asesinos. Eino no podía calmarse, había estado varias veces en batalla, pero siempre termino noqueado, paralizado, desmayado... Pero esa racha iba a terminar, esta vez, o eso esperaba.
Una tormenta comenzó a mojar las espadas que a lo lejos se escuchaban; aunque ahora, ya parecían más cercanas.
Eino tuvo que parar, debido al cansancio. Estaba empapado, con una mezcla de sudor y agua de lluvia. Se oían un par de espadazos, lejanos a la batalla, pero cercanos a él. Fanix y Satirycon ya no se veían por la niebla. Eino miro hacia su derecha. Bajo la borrosa niebla, dos cuerpos peleaban, lejos de cualquier persona, alejados de la realidad.
Eino se levantó, con todas sus fuerzas. Aunque la niebla no lo permitía, decidió buscar a Fanix y a Satirycon. Corrió un par de metros hacia adelante, pero no encontró a nadie. Seguía escuchando los espadazos, pero no se veía nadie.
Decidió buscar algo en la mochila que lo proteja. No había mucho, solo un par de mapas, grandes y rotos; un par de dagas, y una espada. Las dagas no eran lo suficientemente grande, por lo que cogió la espada. Era grande, del tamaño de un brazo adulto, pesada. Era una espada cerrada, con un solo corte lograría cortar desde la garganta al estómago. De una manera casi perfecta, lucia su filo de plata teñido con el color carmesí de la sangre de tantas almas robadas. El mango sin protección para los dedos, demostraba el valor del portador que tenía para convertir la matanza en un arte.
Cada espadazo de aquel duelo retumbaba por todo el cañón, en una armonía melódica, al compás de la lluvia; aunque la batalla lo opacaba.
La niebla comenzó a disiparse. Ya se veía la sangre derramada en el campo de batalla, que estaba relativamente cerca. Ya veía a los dos cuerpos luchando... A Eino se le paro el corazón por unos instantes: Satirycon estaba luchando, contra... Korup. Satirycon tenía la cara manchada de sangre, aunque no se distinguía de quien era. Eino se desesperó. No sabía qué hacer. Tomo el mango de la espada firmemente y lo lanzo con todas sus fuerzas hacia Korup.
La batalla se tornó borrosa. No veía nada. La sangre del suelo mancho su vista...


Eino intento abrir los ojos, sin resultado aparente.
Ya podía escuchar y sentir todo, pero no podía ver ni moverse. Era como un raro estado de coma, como si lo ataran de manos y piernas tan fuertemente como para no poder moverse, y para colmo, tampoco podía hablar. Estaba en una prisión en su mente, no podía escapar.
Una voz se escuchaba suavemente a lo lejos, con una voz débil, dijo algo que Eino no comprendió.
A Eino se le ocurrió una idea. Podía hacer magia para moverse. Tal vez funcionaba, no tenía nada que perder. Esta vez Eino concentro la energía sobre los brazos y las piernas. Comenzó a calentarse, tanto, que comenzó a traspirar. Alguien noto eso, porque sintió una mano en la frente. Ahora ya escuchaba bien, pero no podía moverse.
- ¿Estará bien? Esta traspirando un mar de sudor... - Dijo Satirycon; o alguien más... no pudo reconocer totalmente la voz, aunque le era familiar.
- No te preocupes por él, no le has hecho nada... - Otra voz se escuchó, esta era más grave y áspera que la anterior. - ¿Qué hacemos con este otro cuerpo? - Eino se puso nervioso, no estaba seguro de quien fuera ese asesino...
Eino ya podía despertar, pero no quería moverse y hacerse notar, no estaba seguro si aquellas personas eran buenas o malas.
- Vamos Mustar, debemos irnos. - Dijo la voz áspera y grave otra vez.
Mustar... Era quien ataco a Eino, Fanix y Satirycon cuando estaban en el campamento... ¿Podría ser que acaso eran ambos seguidores de Korup?
Eino decidió esperar a que se fueran lejos, para poder levantarse.
Una vez levantado, miro hacia alrededor. Era ya de noche, tal vez había pasado más de un día. El campo de batalla era horrible. Miles de cuerpos esparcidos en el suelo como si una bomba hubiera caído sobre ellos. El suelo, teñido de sangre, tenía espadas, lanzas, cuchillos y dagas, clavadas en el suelo del campo de batalla. A la derecha de Eino, Satirycon estaba en el suelo, manchado de sangre, con una espada clavada en el brazo izquierdo, atravesada, llena de sangre. ¿Quién habría sido tan maldito como para hacerle eso a alguien?
Apenas pudo retirar la espada sin largarse a llorar del enojo que lo consumía. Miro la espada fijamente... Era la espada de Haukka, la que le había lanzado a Korup para matarlo. Tal vez había desviado un poco la espada y, le golpeo a Satirycon...
Eino puso su mano en el cuello, como lo hacían en las películas, para tomarle el pulso. No sabía si era de los nervios, de la tristeza, o era real, pero Satirycon no tenía pulso.
Un reflejo hizo que Eino tomara la espada, y apuntara directamente hacia su corazón. Iba a hacerlo, se iba a suicidar. Toda su vida paso sobre sus ojos... aunque... no toda su vida...
Ahora que comenzaba a recordar, no recordaba nada de su vida, solo el nombre de sus padres y el último año de vida. Era como si hubiera nacido con la misma edad que tenía ahora (catorce años). Toda su vida era vacía, no recordaba nada de su infancia. Era extraño, muy extraño. Pero, ahora que lo recordaba, esto era un sueño, o... ¿Existía la posibilidad acaso, de que esto sea real...?
Eino lanzo la espada hacia el suelo, y decidió buscar a Fanix. Estaba detrás de él, con un aspecto destrozado. Esos finos trazos que tenía en los labios estaban casi tan cortados como Satirycon. Los ojos azules habían perdido todo el brillo y estaban vidriosos, una lágrima casi caía sobre esas pequeñas mejillas suaves. El pelo castaño estaba despeinado y unos mechones habían sido cortados por las espadas de los guerreros.
- ¿Que... Que le paso a Satirycon? - Dijo Fanix con una voz de niña inocente.
- La verdad es que no sé qué fue lo que paso... - Dentro sabía que había pasado.
- ¿Está vivo? -
- Creo que sí. - Fanix se levantó y le tomo el pulso.
- Ahhh, está bien. Solo esta noqueado. Debo curar la herida del hombro, casi muere desangrado... Eino, ¿Tenés vendas? -
Eino busco en la mochila. Encontró un bolsillo que no había visto, había una bolsa de tela, color marrón. Eino la abrió. Era simplemente un rollo de vendas lo que contenía. Las vendas estaban viejas, ya gastadas y amarronadas, pero servían. Se las tendió en la mano a Fanixyan.
- ¿Cómo ocurrió esto? - Dijo Fanix
- No lo sé. Satirycon y Korup estaban peleando y, caí noqueado. Luego vi a Mustar y a otro hombre. Se fueron hace unos diez minutos. -
- Mustar fue quien nos atacó en el campamento, me lo dijo Satirycon. -
Satirycon ya estaba vendado, ya no sangraba.
- Revisemos el campo de batalla, tal vez allá heridos. Es increíble que se fueran tan rápido quienes emboscaban. Dejaron todo seco. No querían dejar el paso hacia Suuri Tansko. Debe haber algo importante allí. -
- Basta de charlas, yo monto la tienda; tu, busca sobrevivientes. - Dijo con un tono cortante.
Eino comenzó a caminar hacia el lado contrario de la ciudad. Fue a buscar en el medio del campo de batalla.
Cientos de cadáveres esparcidos en el suelo, con todo tipo de armas clavadas de formas inimaginables. En todo el campo de batalla, a simple vista, todos fueron asesinados por Korup y su bando.
A lo lejos, se sentía un pequeño alarido, un sonido extraño, entrecortado, como de un animal arrastrándose por el suelo. Eino miro a su alrededor. No encontró nada. Tal vez era solo una estupidez.
Camino un par de pasos hacia adelante, todavía impactado por la imagen del campo de batalla. La oscuridad abrasaba el cañón, pero la luna iluminaba lo necesario para ver.
Algo pegajoso sentido en la suela de su zapato, como cuando uno pisa un chicle, pero esta voz no era solo eso, lamentablemente. Un líquido, rojo oscuro, muy parecido al color de la sangre seca, manchaba el piso y la mochila.
De un susto, Eino reviso la mochila. El líquido salía de un bolsillo. Cuando la abrió, un espantoso hedor, como una mezcla entre comida rancia y un cuerpo en descomposición. Logro quitar lo que desprendía tan horrible olor. Las vendas, eran las culpables. Estaban totalmente teñidas de un rojo sangre. Comenzó a desenvolver el rollo de vendas. Cada vez más adentro el color pasaba de rojo intenso a negro profundo. El hedor era cada vez más fuerte. El interior era blando, era algo suave, parecido a una gelatina envuelta en algodón.
El interior salió al aire. Una pequeña bola, brillante, parecida a una bola de juguete, esas peluda que venden en las calles, pero está en era peluda, irradiaba tanta luz que parecía tener pelos.
El piso se acercó hacia Eino. Un fuerte dolor en una pierna - la derecha - hizo que se desequilibrara y cayera. Alguien arrebato de las manos de Eino el objeto que había estado vendado hacia un rato. Unos pasos a lo lejos escucho, escapando. La pierna estaba despedazada, un tajo por todo el gemelo, dejando el hueso al exterior. El suelo se manchó de sangre. Unos pasos se acercaron hacia él.
- Dejavú - Cada vez que entraba en combate le ocurría algo malo...