domingo, 1 de mayo de 2011

Capitulo XI: Reencuentro y perdida

La mesa estaba repleta de comida, había grandes cerdos enteros con manzanas en la boca, jamones glaseados, ensaladas de colores inimaginables, los platos, de plata, coronados con gemas en los extremos. ¡Tenían casi doce cubiertos por persona!



Eino preocupado por quedar bien casi derrama vino sobre el Rey, este respondió con una sonrisa a su descuidada acción. Todos comieron callados, hasta que el Rey dijo...
Mañana partirán hacia el volcán…
- Saldremos al amanecer – dijo Satirycon.
- Pero… - dijo Eino
- Pero, nada, anda a cambiarte y prepara tu mochila para el viaje… -
Eino confundido por la actitud de Satirycon se quedo escuchando tras la puerta las conversaciones de “los adultos”. Fue a dormir temprano, al despertar partirían hacia el volcán.
- Levántate - susurró Satirycon
- ¿Que? – Respondió Eino exaltado
- Vamos a buscar a Haukka - dijo – No te lo mencione antes por que no quería que el Kuningas de enterara. En fin, iremos a buscarlo al calabozo, nos las ingeniaremos para sacarlo. –
Llegaron a los calabozos, estaban vestidos con capas que cubrían sus rostros, Satirycon dejo a los Jotuns inconscientes con un hechizo, destruyó el candado con su hacha…
- ¿Que hacen aquí? - se escuchó una vos.
- ¿Haukka? – Dijo Eino sorprendido – hemos venido a buscarte, tenemos que ir al volcán a buscar…. –
- Eino… se lo contaremos después, ahora no tenemos tiempo, tenemos que irnos ya de aquí –
- Bien, iremos, pero ella va con nosotros – dijo señalando a Fanixyan
- ¡Esta bien, pero vámonos ya! – dijo exaltado Satirycon
Haukka se puso su mochila y se dirigió hacia la el puerta…
- ¿No vienes? – dijo bajo el umbral, dirigiéndose a Fanixyan
- Si – dijo con cara de preocupación y mirando la jaula del dragón, sabía que no lo volvería a ver.
- No te preocupes por el, estará bien, confía en mí – trato de consolarla Hau
Fanixyan asintió y se dirigió hacia él.Salieron del castillo por un ducto cercano a las celdas. Salieron a un sendero, Haukka iba adelante, lo seguía Eino luego Fanixyan y por último Satirycon.Se dirigieron hacia un bosque, no parecía muy agradable, había animales que irreconocibles para Eino, ya que era la primera vez que los veía.Todos siguieron a Haukka, parecía ser el que inspiraba más confianza, todos estaban atentos a alguna alteración en la tranquilidad de bosque.
Caminaron unas dos horas, sin haber alteración en el bosque. Un par de veces se asustaron, bastante, por conejos o liebres que corrían asustadas.
Siguieron caminando
Haukka parò. Eino, estaba tan distraído que se choco con el. Cuando miro a su alrededor se dio cuenta de que había estado aquí antes. Pudo reconocer una mancha de sangre seca en el piso.- ¿De quien será esto? – pensó bastante asustado. Recorrió la vista por el lugar.
- Esperen – Dijo Eino. – ¡Aquí fue donde luchamos con Korup! ¡Agáchense! – Grito desconsolado saltando hacia un pequeño arbusto, que servia como refugio.
- Cálmate Eino- Dijo Haukka con una voz neutra. – Los traje aquí por otras razones. Ayer, cuando estaba en la mazmorra del castillo, Fanixyan me dijo algo, que no necesitan saber. Pero cuando me dijo eso, tuve una visión de mi pasado. Yo no se quien rayos es mi madre ni mi padre, pero quiero descubrirlo.


Luego de que Haukka les contó su visión. Buscaron en sus alrededores algún objeto o algo que los llevara a reconocer a su madre o su padre.
Eino busco entre los arbustos, pero no había nada. Pensó que seria imposible encontrar algo, ya que, según su historia, el niño al que vio tenía solo cinco o seis años.
Haukka hizo una seña de que vinieran.
Eino, Satirycon y Fanixyan corrieron hacia el. Había unas ropas, que aparentaban ser muy viejas. Estaban rasgadas. Parecían trapos viejos, las ropas estaban muy sucias y rotas. Haukka reconoció que esa era la ropa que la mujer que lo dejo usaba.
Levanto las ropas. Se asusto mucho. Estaban rasgadas por la mitad. No se le ocurría que pudo haber sido lo que le ocurrió para que quedaran así . Había sido atacada, esa mujer había sido atacada. Lo extraño es que no había manchas de sangre. Eso lo tranquilizo un poco a Haukka, pero seguía un poco asustado.
Haukka guardo los harapos en un bolso pequeño en el que llevaba un par de cosas mas como armas y otras cosas. Miró a todos. No sabia que decirles. No sabia que hacer ahora.
- ¿Qué haré ahora? – Le pregunto Haukka a Fanixyan.
- Tú lo sabes; debes encontrar a tu padre. – Dijo Fénix.
Haukka no sabia que pensar. Su padre era el Kuningas, o al menos así parecía. El no recordaba nada de lo que le ocurrió en la infancia.
- Debo ir a ver a mi padre. Solo yo puedo ir a buscarlo. Por favor no me sigan. – Dijo Haukka a todos.
- Espera Haukka – Dijo Satirycon.
- No puedo esperar, espero que lo entiendas.- Dijo Haukka dándole una sonrisa.
Haukka dio media vuelta y salia corriendo.
- ¡Haukka! ¡Espera…! – Dijo Eino confundido.


Haukka corría a toda velocidad. Debía llegar lo más rápido posible. No podía aguantar el peso de tener tantas dudas.
Escuchó algo. Miro hacia los costados, pero no vio nada. – Seguro es un conejo – Pensó Haukka.
Un haz de luz llego hacia sus pies. Logro frenar a tiempo como para no caerse y romperse la boca. La luz agarraba sus pies con una fuerza increíble.
- ¡Maldición Korup! ¡No quiero atacarte! ¡Libérame y no vamos a luchar! – Dijo Haukka con una voz increíblemente fuerte y con mucho odio.
- Cálmate. No quiero pelear yo tampoco. – Dijo Korup, con una increíble calma. Salio de atrás de un árbol.
- ¡¿Entonces que quieres de mi?! – Volvió a gritar Haukka mientras lo miraba con odio.
- Solo quiero contarte la verdad. Ven conmigo. Aprenderás todos los hechizos que quieras. Sabrás quien es tu padre y tu madre. Conocerás todos los secretos de un Zvir. – Korup lo miro a Haukka con una mirada penetrante.
- Tu oferta es tentadora, pero debo ir a buscar la verdad sobre mi vida. Déjame salir. –
- Este bien. Te dejare. Recuerda que la oferta esta vigente. – Dijo Korup mientras los haces de luz escapaban de sus pies.
- Adiós – Se despidió Haukka.
Salio corriendo a toda velocidad. No podía tener más problemas. Debía llegar lo antes posibles.


Eino, Satirycon y Fanixyan estaban sentados en un tronco. No había una palabra en el aire. Satirycon decidió romper el hielo.
- Deberíamos ir al volcán – Dijo.
- ¿Al volcán? ¿Para que? No estarán hablando del volcán de los talismanes ¿No? – Con una sola mirada Fanixyan dedujo la respuesta.
- Debemos ir a buscar un talismán para el Kuningas.
- Entonces, Fanix, ¿tu que Haras? – Dijo Eino mirándola.
- Ah, que problema. – Lo pensó unos segundos - Si, iré – Continuo segura.
- Está bien. El Kuningas no nos explico que es lo que debemos hacer, pero según creo será fácil llegar. – Dijo Satirycon.
- No te confíes. Esa cueva fue creada para que muy pocas personas entren y salgan con vida, y un talismán en sus manos. No creo que les cueste mucho, ya que ambos absorbieron talismanes; pero deberán cuidar sus espaldas. Yo estaré bien, no se preocupen. Aunque no sea Zvir, puedo cuidarme sola. – Concluyo Fanix.
- ¿Pero…? ¿Cómo sabes que absorbimos…?
- Vamos Eino. Luego nos lo explicara… - Lo interrumpió Satirycon.
- ¿Qué esperan? – Dijo Fanix mientras caminaba hacia el volcán.
Caminaron un buen rato, o al menos eso pareció. Entraron en un espeso bosque. Era bastante grande. Un arroyo los guiaba hacia el volcán. Lo seguían bordeándolo. Cuando se acercaron para cargar agua, algo muy extraño ocurrió.
- Vamos a tomar agua al arroyo – Dijo Eino
- Está bien. Carguen sus cantimploras porque este es el último arroyo que cruzaremos en el camino. – Le respondió Satirycon.
Se acercaron al río, rápidamente. Eino saco las cantimploras, las cargo y bebió un poco de agua de ellas.
- ¡Puajjj! ¡Que asco! – Dijo Eino escupiendo toda el agua.
- ¿Qué pasa Eino? – Le pregunto Fanix.
- No lo se, esta agua tiene un gusto asqueroso. – Miro la botella, estaba roja por dentro. - ¡Es sangre! ¡Alguien ha sido asesinado y lanzado al río! – Grito.
- Vengan, síganme. – Dijo Satirycon mientras corría a buscar el rastro de sangre.
Un cuerpo se encontraba tirado a un lado del río. Parecía sin vida, o al menos eso creía Eino. Corrieron a socorrer. Satirycon dio vuelta el cuerpo. Era una mujer. Parecía deformada. No entendía que rayos pudo haberle pasado. La levantaron del suelo entre todos. La colocaron a un lado de las mochilas. Fanix le tomo el pulso. ¡Seguía viva!
- Apúrense chicos, fue atacada hace muy poco tiempo. No entiendo como no la vimos. ¡Denla vuelta! Le coseré la herida que tiene en la espalda. – Tenia una abertura de aproximadamente treinta centímetros en la espalda. Necesitaba ayuda. Rápido.
Fanix tomó una aguja, la esterilizo, enebro el hilo y comenzó a coser.
En un par de minutos la mitad de la herida estaba mucho mejor que antes. Satirycon y Eino  trataban de calmar a la mujer. Estaba teniendo convulsiones. Lograron calmarla. La herida estaba curada. Todos se quedaron calmados, con alivio en sus corazones.
- Ahora, Eino, debes curar la herida completamente. Creo que sabes que debes hacer. ¿No es así? – Le pregunto Satirycon.
- Perfecto. Déjamelo a mí. – Dijo confiado.
Eino se concentro. Cada vez era más fácil concentrar un hechizo. Solo debía canalizar la sangre. El talismán lo había ayudado demasiado. Libero la energía. La herida se curo casi automáticamente. Todos se quedaron tranquilos.
La mujer comenzó a reincorporarse.
- Cálmate, debes descansar. Luego nos cuentas lo que ocurrió. – Dijo Satirycon con una voz increíblemente tranquilizadora.
La mujer se durmió en sus piernas.
- Debemos pasar la noche aquí. No podemos dejarla sola. Preparen sus cosas y busquen un refugio. Avísenme si encuentran una cueva o algo. Vayan. – Continuo Satirycon.
- Adiós – Se despido Eino
- Chau – Saludo Fanix.


Haukka había llegado al castillo.
- Permiso – Dijo a un Jotun que protegía el castillo.
- No puedes entrar aquí sin permiso. – Dijo el Jotun
- Esta bien… - Dijo mientras un haz de luz de su mano le llegaba al Jotun justo en la cabeza. – Que duermas bien… - Dijo mientras reía.
Entro en el castillo. Había un gran pasillo con una gran alfombra roja que llegaba desde la entrada hasta la puerta. Lámparas iluminaban desde el techo a todo el pasillo. Un par de escudos estaban colgados a los lados. Este pasillo tenia apariencia moderna, pero los escudos le daban ese toque rustico. Cuando cruzo la puerta, el Kuningas lo esperaba sentado en una silla, solo, en el gran salón donde habían comido Eino y Satirycon.
- Te he estado esperando. – Dijo el Rey.
- Quiero que me digas la verdad sobre mí, ahora. –
- Cálmate, hijo Mio. – Un rayo le salio de la mano al Kuningas. Este envolvió la cabeza de Haukka. Haukka quedo noqueado.
- Ma… ma… maldito traidor. – Dijo Haukka cuando recuperaba la conciencia.
Haukka miro a sus alrededores. No había nadie. Era la misma mazmorra donde había sido dejado la noche anterior. No sabia que hacer. Estaba solo. Era la segunda vez que cometía el mismo error. La otra noche le habían atacado de atrás y lo habían raptado. Ahora todo le quedaba claro… Kuningas no le quería. Era su padre , el cual lo había desterrado de Mir para siempre . Debía vencerlo, debía conseguir su respeto. No sabía que había pasado con los chicos. Eino, Satirycon y Fanix estaban solos. Estaban yendo al volcán de los talismanes. Era muy peligroso ir allí. No entendía porque los mando a Satirycon y a Eino. Estaba muy cansado para tantos pensamientos. Debía descansar… dormir…