sábado, 11 de junio de 2011

Capitulo XIV: Emboscada




En el momento en el que Mayr se carbonizó el bosque se torno extremadamente silencioso. Solo se oía el murmullo de los árboles, ni los pájaros cantaban, como si tuvieran conocimiento de lo que estaba pasando. Satirycon, Eino y Fanix estaban atónitos… ¿Como podría haber sucedido esto? ¿Acaso era culpa de Satirycon? ¿Había muerto Mayr?
Lo que si sabían era que ya no tendrían que preocuparse por ella…
Su próximo objetivo era llegar al volcán, y así poder conseguir  el amuleto encomendado por el Kuningas. No sabían que había pasado con Haukka.
El sol ya se escondía en el horizonte cuando llegaron a un cañón…
- Pasaremos la noche aquí – Dijo Satirycon 
- ¿Que eso? – dijo Eino mirando hacia abajo, asomado al cañón. Este era precioso. La pared de piedra rojiza reflejaba unas extrañas luces en el fondo. El piso arenoso, parecía tan suave. Un camino poco trazado salía desde donde estaban acampando. El precipicio que yacía bajo el era enorme; casi cien metros de caída.
Eran luces que se movían al fondo del cañón, como una caravana de personas…
- ¡No hay tiempo para dormir, debemos bajar para averiguar que esta pasando! - Grito Satirycon luego de escuchar los gritos que se oían debajo de ellos.
Satirycon se dispuso a descender, lo siguió Fanix y por último Eino, un poco asustado. La bajada era densa, muy empinada. Debían ir pegados al borde de la pendiente, aunque, más que pendiente, era una pared. A la mitad del viaje Satirycon notó algo…
Son personas – Dijo 
¿Que harán aquí? – Pregunto indignado Eino
Tendremos que averiguarlo – respondió Fanix
Continuaron el descenso. Cada vez estaban más cerca de la gente, pero aun no se habían dado cuenta de que estaban. Una gran turba de gente iba en caravana através del cañón. Una mezcla increíble de gente se podía ver. Un grupo de soldados encabezaba el grupo de gente. Vestidos con cascos y armaduras dirigían a la gente blandiendo sus espadas. Eino no podía creerlo. Fue solo un segundo de distracción en el cual se patino, el que logro callar a la turba.
- ¡Una emboscada!- Grito uno de los soldados.
- ¡Alto! Son solo nobles viajeros- Eino no vio de donde fue que hablaron, pero fue una voz suave, como de una mujer anciana.
- Disculpe - Pregunto Satirycon a la mujer – ¿A donde se dirigen?
- Nos dirigimos a la meseta Suuri Tansko de, ahí nos asentaremos. Debido a que nuestra aldea fue destruida por un ejército que estuvo arrasando pueblos por todo el mundo. No tuvimos oportunidad contra ellos, nuestros mejores guerreros están a salvo en una pequeña aldea cercana a la nuestra, preparados para una posible emboscada.
En ese instante una anciana caminaba por delante de ellos, era quien detuvo la turba. Eino la reconoció en ese mismo momento, era quien lo había atendido luego del ataque de Korup.
- Son de T`aguhi – Dijo Eino Inmediatamente Satirycon comenzó a recordar aquel sueño, tal vez no había sido un sueño, sino una premonición. Recordaba la guerra, el dragón, las muertes sin sentido ante una infinidad de guerreros. A pesar de todos tus esfuerzos, mueres, y eso demuestra que ni aun el más terrible guerrero puede ganarle a la muerte, y de nuevo recuerdas lo efímero de la vida terrenal. Aquí no había ningún dragón, pero no quería saber que podía pasar.
Un recuerdo trastorno la mente de Satirycon. Tanta gente luchando, muertes, el dragón gritando alaridos de dolor, sufriendo, la sangre esparcida en el campo. ¿Que haríamos si el mundo cayera en la eterna tumba de la destrucción? ¿Que pasaría si uno de ellos moría en el combate? 
Había algo que le quedaba claro... Tenían que prepararse, lo antes posible.
- ¡Tenemos que encontrar a Haukka! – Exclamó Satirycon – Antes de que sea demasiado tarde.
Pero, ¿Por qué? – Preguntó indignado Eino – ¿Y los amuletos para el Kuningas?
Eso ya no importa, - Dijo Satirycon – Les explicare todo en el camino. Vamos, primero tenemos que juntarnos con los soldados de T`aguhi y luego iremos por Haukka.
Eino no entendía nada de lo que estaba sucediendo, por como veía a Satirycon prefirió no hacer preguntas y esperar a que él comience a hablar.

Corrieron através de la gente, y esta, asustada, se corrían y los dejaban pasar. El cañón se habría hacia un pueblo que rodeaba la meseta Suuri Tansko, donde una ciudad enorme yacía. El camino que había entre allí y la meseta era de cinco horas a pie, diez desde T`aguhi. El sol debería estar saliendo para cuando llegaran. Eino y Fanix seguían a Satirycon, sin entender mucho lo que ocurría. Era una noche estrellada, la luna brillaba más que nunca. Unas nubes tapaban a la luna de a ratos.
- ¡Alto Satirycon! - Una voz se escucho desde el borde del cañón. Provenía de lo alto del cañón, allí se veía una figura. Era una figura rara, que Eino, no reconoció.
Satirycon se dio vuelta de un salto.
- Te necesitamos... -
- No se preocupen por mí... Debo irme... - La figura dio un salto impresionante y cayo justo frente a Eino. Este, asustado e incomprendido, se alejo de el rápidamente. Ahora ya no era una sombra, sino una persona: era un muchacho que usaba una capa larga, que caía desde sus hombros. Utilizaba una armadura dorada, aunque solo usaba las protecciones de los brazos. El muchacho ya era una figura difuminada en la noche.
Era Haukka...
Ese pensamiento recorrió la cabeza de Eino. No podía ser el. Había ido a buscar a su padre. Un raro sentimiento sucumbo a Eino:
"No se preocupen por mi... Debo irme... “- ¿A que se refería? ¿A caso nos dejara...? Eino no podía ni pensarlo.
- Satirycon, ya se fue, déjalo ir... - Fanix trato de calmarlo.
- Tienes razón... ¿A donde iría? -
- Es algo que solo el sabe... -
- Creo que si deberíamos ir a buscar a los amuletos, Kuningas los necesitara si se libra una guerra. - Eino Interrumpió.
- Si, es una buena idea, pero antes, comamos algo, hace como cuatro horas deberíamos haber comido. - Dijo Fanix.
- Si yo también tengo hambre. - Dijo Eino con una risa suave.
- Vale, vamos a comer - Satirycon señalo a la caravana de gente. Apenas pudieron, salieron hacia allí.

Luego de comer, Fanix, Satirycon y Eino, durmieron toda la noche.
Apenas amaneció, Eino fue a ver la mañana desde afuera de la carpa. Un sol radiante brillaba justo hacia donde se abría el cañón. La caravana se había adelantado, ya que no durmieron en toda la noche. Había unas cuantas nubes de tormenta a lo lejos, lo cual preocupaba un poco a Eino. Fanix y Satirycon se levantaban para cuando Eino ya estaba listo para partir. Aunque no eran muchas cosas, debía acomodarlas en la mochila que Haukka le había dejado. Solo llevaba una espada, las ropas que habían encontrado en el claro donde lucharon contra Korup, y un par de mapas y libros que Haukka había guardado.
Una vez que Satirycon y Fanix se desperezaron, marcharon hacia la meseta. En poco tiempo, alcanzaron a la caravana, pero decidieron dejarla atrás: Ellos deseaban ver a la ciudad antes de ser destruida.
Caminaban a un buen ritmo, pero el sol ya se ponía molesto. El reflejo del sol en las paredes del cañón eran insoportables, el reflejo quemaba a los ojos. El clima era liviano, debido a que una brisa fresca soplaba através del cañón.
Bien plantado el mediodía, el sol ya estaba tapado por las nubes negras de tormenta. El tiempo se estaba poniendo frío, y ya no podían seguir a ese paso ligero que llevaban.
Una tormenta comenzó a repiquetear un rato antes de que llegaran a la meseta Suuri Tansko. Una vez que llegaron a los pies de la meseta, comenzaron la escalada. Fue una escalada liviana, pero el frío y la lluvia no ayudaban. La caravana se había quedado unas dos horas atrás, por lo que tenían tiempo. Una vez que llagaron allí, pudieron presenciar la gran meseta, en la cual se podía ver a todo el cañón. El pueblo era grande, comparado con T`aguhi. En la entrada, unas pequeñas casas de madera se asentaban.
- Creo que aquí es un buen lugar para comer. - Dijo Fanix, sentándose en la arena del porche de una casa que se encontraba en la entrada.
- Si, pienso lo mismo, desde aquí se puede ver todo el cañón. - Satirycon la acompaño.
- ¿Que es eso? - Eino señalo a algo que parecía una persona que venia corriendo, desde abajo de la meseta. Parecía que había corrido mucho. Era una mujer, joven, estaba herida. Tenía un brazo cortado, parecía que sangraba mucho.   Corría como si hubiera pasado algo terrible. Gritaba algo incomprensible, que, cuando se acerco un poco mas, Eino comprendió que decía:
-¡Ayuda, nos emboscaron! ¡Toda la gente de T`aguhi esta siendo atacada!-
Eino salio corriendo al rescate, seguido de Satirycon y Fanix.


domingo, 5 de junio de 2011

Pagina en Facebook

Hola a todos!
Les queríamos contar que ya tenemos una pagina en facebook, como podran ver al costado del blog esta. Le pueden dar like desde ahi
Hago esto para que los que lean y no tengan cuenta en blogger puedan comentar , dar opiniones, etc.
http://www.facebook.com/pages/Sueños-Utopicos-Las-Cronicas-De-Mir/17832340222091

Capitulo XIII: Mayr

 Un rasgo de luz entro por los ojos de Satirycon. Estaba despertando. Era una sensación que nunca antes había experimentado antes: era como si despertara de un sueño eterno, como si hubiera hibernado, como un oso.
¿Acaso estaba muerto? ¿O todo había sido una ilusión de su mente?
Si bien algo sabía era que estaba en los bosques de Mir.
Satirycon se levantó, haciendo un esfuerzo tremendo. Apenas se levante recupero toda la energía.
Reviso el pasto. Había unas pequeñas marcas de sangre suyas. Miro al frente. Había tres cuerpos en el piso.
Fanix estaba acostada en el suelo, inerte, pero como si la hubiesen dejado ahí. No tenía macas de daños, ni siquiera la del dardo. La muchacha estaba a su lado.
El otro cuerpo era de Eino. También acostado acomodadamente. Le reviso los daños de los ataques que accidentalmente le habían hecho daño, o tal vez no fueron tan accidentalmente. Satirycon se enojó con sigo mismo. Increíblemente, cuando levanto la remera, Eino no tenía marcas de daño. Le tomo el pulso, todo normal.
El campo de batalla estaba lleno de sangre, de todos, incluso de Eino.
Satirycon se preguntaba que había pasado con Musta. No debía haber escapado. El quería algo de nosotros...
Trato de despertar a Eino, a Fanix y a la muchacha, pero seguían muy cansados. Reviso el campo en busca de algo. Ya empezaba a preocuparse por la muchacha, hacia un día y medio que no despertaba. Satirycon había estado desmayado toda la noche, al igual que todos.
Volvió a repasar el lugar. Encontró la cerbatana de Musta tirada junto a un árbol. La levanto. Tenía una mancha de sangre seca en toda la boquilla, la cual estaba cargada.
Satirycon saco el dardo de la cerbatana. Lo revisó minuciosamente. No tenía marcas de veneno, pero él sabía que el dardo era venenoso. Seguro lo había envenenado con magia oscura.
Ahora que todo quedaba un poco más claro, recordó a Haukka. Satirycon recordaba que tenía que ir con su padre, pero no tenía ni idea de quién era el padre de Haukka.
También debían conseguir un talismán para el Kuningas, pero cada vez que intentaban hacer algo con él terminaban en grandes problemas. Hacia más de una semana que no podían dormir bien para hacer guardia,  porque los atacaron. Desde que se encontró con Eino y Haukka, no pudieron hacer nada bien.
Satirycon se perdió en sus pensamientos. Tanto, que no se dio cuenta de que Fanix estaba parada a su lado. Retomo con un salto del miedo.
- Hola Satirycon - Dijo Fanix con una increíble calma.
- Hola -
- ¿Tienes idea de que ocurrió? -
- Un dardo tranquilizante te dio en el cuello... pronto te sentirás como nueva. - Le respondió Satirycon.
- Me siento excelente, como si hubiera dormido durante varios días. -
- Me siento igual. La verdad es que no sé qué fue lo que ocurrió en el combate. Solo recuerdo que quien lanzo el dardo se llamaba Musta. El utilizo energía oscura para controlar las acciones de Eino. No recuerdo mucho más. - Dijo Satirycon. Omitió la parte cuando el atacaba a Eino. Fanix se iba a poner furiosa si le contaba eso.
- ¿Cómo esta Eino? - Le pregunto Fanix.
- Ha estado durmiendo desde que nos atacaron. -
- Bueno, veré si puedo hacerle algo. -
Fanix fue hacia Eino. Para su asombro, estaba en perfectas condiciones. No tenía fiebre, ni estaba enfermo, o con golpes.
Le lanzo una gota de agua, para que se despertara lentamente. Eino estiró los brazos, las piernas, y se levantó.
- Hola Eino, ¿Cómo te sientes? - Dijo Fanix suavemente.
- Bien, bueno, en realidad, me siento de lo mejor. Tengo energía como para destruir un bosque entero. - Dijo Eino mientras soltaba una risita tonta.
- Tu también eh?. Así que todos estamos igual, excepto ella. - Dijo señalando a la muchacha que estaba recostada en el suelo. - Parece mal, ¿no crees Eino? -
-Sí, tienes razón, se ve mal... - Eino miro fijamente a la chica.
Empezó a recordar todo lo que había dejado atrás... Eino tenía una madre y un padre, Jessie y Peter. El no recordaba mucho de su infancia, ya tenía catorce años. El tenía varios amigos, a los que dejo en su mundo. No sabía si este era un mundo paralelo o era un pueblo oculto, pero la verdad es que deseaba volver.
Algo en el corazón le decía que debía quedarse, Kuningas lo necesitaba para algo; por eso fue convocado.
Extrañaba su vida normal: levantarse todas las mañanas temprano, vestirse rápidamente para no llegar tarde a la escuela... Extrañaba todo eso.
Una lágrima recorrió la cara de Eino, desde que había llegado desgracia tras desgracia les habían ocurrido. Haukka se había ido, Él y Satirycon casi mueren, y encontraron una, muchacha inconsciente en el medio del bosque.
Eino fue a lavarse la cara al arroyo. Cuando vio su reflejo en el agua, no se reconoció. Ya no tenía la cara regordeta, ni tenia cara de niño. Ahora ya parecía un hombre. Una pequeña barba se le asomaba en el mentón. Tenía la cara rasguñada y sucia, hacía como una semana que no se bañaba.
- ¿Eino, estas bien? - Dijo Fanix cariñosamente.
- Si, sí. No te preocupes... - Dijo corriéndose las lágrimas con la mano.
Satirycon estaba perdido en sus pensamientos. Todavía estaba perdido por lo del sueño. ¿Acaso esto no era más que pura imaginación? ¿Realmente estaba vivo?
Todo parecía tan real, pero él no estaba tan seguro. Lo único que podía hacer era seguir adelante.
Satirycon se levantó, mojo una toalla con el agua fría de la cantimplora, se acercó hacia la muchacha y le puso la toalla en la frente.
Apenas hubo contacto con la frente de la muchacha, esta abrió los ojos.
Despertó sorprendida y asustada a la vez. Fanix y Eino se dieron vuelta para verla.
La muchacha los miro con cara de odio. Un solo movimiento con las manos y una palabra cambio todo:

Jūsu asins nevarēs cast viļņus, jūsu ķermenis nespēs nākt pie manis un jūsu domas būs manā apziņā.

 Luego de que la muchacha halla dicho esto hacia Satirycon, este se alejó volando en el aire hacia atras. Cuando cayó, se golpeo la cabeza contra el suelo, esto lo dejó inconsciente.
Eino se puso en guardia, al igual que Fanix. No recordaba que Fanix supiera lanzar hechizos, o fuera un Zvir, pero aun así se preparó para atacar. Las palabras que la muchacha dijo, le resonaban en la cabeza, pero ahora las entendia perfectamente, como si fuera su idioma natal.
-Tu sangre sera incapaz de lanzar hechizos, tu cuerpo sera incapaz de acercarse hacia mi y tus pensamientos serán dados en mi conciencia.-
Eino se enfureció con la muchacha, estaba haciendo hechizos contra ellos, aunque la ayudaron. 
Decidido y preparado para atacar. Levantó ambas manos, clavo los pies en el piso, y se concentró.
Dos aces de luz - Uno de cada mano - salieron volando desde Eino hacia los pies de la muchacha. Los aces se enredaron como sogas en los pies de la muchacha y esta cayó de cara al piso. La chica intento formular otro hechizo pero el dolor en la nariz por la caída lo impidió.
- ¡No queremos hacerte daño! - Grito Eino furioso.
- Nadie les cree eso... liquídenme ahora, no me hagan sufrir. - Dijo la muchacha con un tono tan frio que le dio un escalofrio a Eino.
- ¡Calmate! - Grito Fanix - Nosotros te salvamos de la muerte, te curamos tus daños y vencimos a quien te capturó. -
-Está bien, les creeré. - Dijo mirando hacia abajo.
-¿Como llegué aquí? - Continuó.
- Un hombre llamado Mustar te capturo e intentó asesinarte. Te encontramos toda cortada y lastimada. Luego Mustar nos ataco; y, de alguna manera, lo vencimos. Apareciste con los cortes curados. No sabemos que pasó. -
- Chico, ¿Puedes soltarme? - Dijo a Eino.
- Si, lo siento. A por cierto, me llamo Eino. -
- Gracias. Me llamo Mayr, ¿Y tú eres? - Pregunto a Fanix.
- Fanixyan. Puedes decirme Fanix. ¡Satirycon, la muchacha despertó! - Grito
Satirycon se dio vuelta y sonrió. Estaba tan absorto en sus pensamientos que no había notado la charla. Se acercó para saludarla. Cuando llego hasta donde estaba Mayr, intentó levantarla, poniendo sus dos manos bajo ella. Mayr se comenzó a quemar.. Satirycon se apartó. Intento conjurar un hechizo, pero ya era tarde. La muchacha joven era ceniza.

sábado, 4 de junio de 2011

Capitulo XII: Mustar






La noche había sido muy larga para Haukka, pensando en que haría para salir se allí o que sucedería cuando lo haga.
Se despertó y momentos después le dieron su ración matutina de comida.
La puerta de la mazmorra se despedazo, partiéndose en mil pedazos, de entre el polvo y los escombros emergió una figura oscura…
Era Korup…
-¿Qué haces aquí? – Preguntó Haukka – No tienes nada que hacer en este lugar, no deberías haber venido.-
-Vine para sacarte… tengo que mostrarte algo… - dijo Korup mientras Haukka se ponía de pie.-
-Esta bien, vamos... eres la única herramienta que tengo para salir de aquí…- dijo Haukka mientras se levantaba.

Satirycon, Eino y Fanix preparaban la cena, la muchacha descansaba, todo estaba bien.
Se dispusieron a comer, en unos troncos, haciendo un círculo a un lado de la sublime fogata que ardía cuan sol en verano.
Sorpresivamente un dardo raspo la nariz de Eino, haciendo que esta sangrara. Tuvo la suerte de que no lo golpeo. Eino y Satirycon se dieron vuelta alarmados, en espera de un ataque.
-Āpakē śarīra aba, mērē sabhī ādēśōṁ sabhī paristhitiyōṁ mēṁ pūrā hō jā'ēgā mērā hai.-
Alguien o algo decía eso, sin apenas saber que era lo que ocurría, Fanix se desmayo. Satirycon fue a su recate corriendo, en guardia, preparado para atacar.
Un dardo había sido el culpable del desmayo de Fanix. Al igual que a Eino, le hizo saltar algo de sangre.
-¡Sal de ahí! - Grito Satirycon furioso.
-No necesitas verme para saber donde estoy...- Dijo un hombre con una voz misteriosa.
-¿Quien eres? -
- Soy Musta. -
La tranquilidad con la que Musta hablaba lo ponía nervioso a Satirycon. Eino estaba raro, como si hubiera sido despojado de su alma. Estaba sentado, quieto, con una mirada vacía en sus ojos.
Un dardo llego a la cara de Satirycon. Logro esquivarlo, anticipando el movimiento.
Pudo ver de donde provenía, se preparo y se lanzo al ataque.
Una lluvia de dardos se acercaba a Satirycon, el logro esquivar un par, pero otros tres o cuatro golpearon en su cuerpo. Su mirada se nublo. Cayó al suelo.
Empezó a ver de nuevo, a recuperar la energía otra vez. Era como si alguien le otorgara energía pero sabía que era imposible.
Satirycon volvió a pararse, y logro concertar energía perfectamente bien. Un rayo salio directamente hacia Musta. Satirycon sabia que iba a vencer esta pelea, no iba a lograr escapar de ese ataque.
Un resplandor segó a Satirycon por unos segundos. El rayo no había dado en su punto, sino que había golpeado a Eino, que se había abalanzado sobre Musta para protegerlo.
-¡Eino! ¿Que haces?- Dijo sorprendido Satirycon.
-¡El está bajo mi control estúpido! ¿Acaso no te diste cuenta antes?-
Ahora lo entendía todo... Eino estaba bajo el control de Musta. El estaba usando energía oscura, una tan poderosa que ni siquiera Haukka podía vencer.
No sabia que hacer. Satirycon presto atención a todo. Se concertó minuciosamente en cada detalle, cada partícula de polvo que volaba en el aire.
Se le ocurrió una manera de vencer, pero era demasiado arriesgada. Miro ese rasguño que tenia en la nariz. Ese seria su punto débil. Debía vencerlo sin lastimarlo, o podría morir.
Había otro modo; podía controlar su sangre para que lanzara un hechizo hacia Musta, pero él no sabia controlar bien esos hechizos.
Trato de concertarse, pero no pudo. Le temblaban las manos, demasiado. Intento lograr lanzar un hechizo hacia Musta, de nuevo. Eino salto para volver a defenderlo. Satirycon vio que Eino se atrasaba cada vez que atacaba; pera la pregunta era si podía atacar tantas veces. Eino parecía cansarse, de a poco. Satirycon tenia un talismán, pero estaba muy poco entrenado, su especialidad eran las armas. El talismán podía colapsar en cualquier momento si atacaba varias veces. Aun así, debía hacerlo.
Intento un par de veces más, pero no logro nada. Perdía energía a galones. Iba a desmayarse en cualquier momento. Eino estaba muy lastimado, ya casi no tenía energía. Podía morir en cualquier segundo. Debía atacar una vez más, sin esperar las consecuencias. Su misión estaba clara, debía matar, o al menos debilitar a Musta, porque quería matar a Eino.
Satirycon se concentro, ahora si, con todas sus fuerzas. Un rayo salio de su mano, con toda la energía que pudo...
Lo ultimo que recordó Satirycon fue el resplandor de su rayo, escucho un grito, y vio a Eino cayendo al suelo desmayado.

Satirycon despertaba, se sentía muy calmado, era una sensación tan extraña que realmente deseaba estar así por el resto de la eternidad. Un ruido sordo lo despertó.
No sabia donde estaba, pero el lugar le hacia familiar. Era una ciudad cercana a las montañas, absolutamente destruida.
Satirycon tardo en entender que pasaba. Un dragón gigante estaba volando en el cielo, escupiendo llamas, atacando a toda la gente.
El sonido que lo despertó fue el de cadenas chocando. Grupos enormes de gente lanzaban cadenas hacia el dragón. Trataban de pararlo con casi cualquier cosa.
También resonaba el entrechocar de las espadas. Era una guerra. No entendía como había llegado allí.
Satirycon estaba tirado tras lo que antes debía haber sido una casa, o al menos una carpa. Era como un parapeto, una pequeña pared de piedra donde se cubrían los guerreros.
Estaba agachado, cuidando su espalda.
- ¿Como rayos había llegado allí? - Se preguntaba Satirycon.
No tenia ni idea de que había pasado antes ni cuanto tiempo había estado desmallado. Debía mirar para descubrir que sucedía.

Debía sacar la cabeza para ver, pero era muy arriesgado. Podía morir. Al igual que Eino, o lo por lo que el vio… prefería no pensar en eso. Aunque el estaba muy triste. Tal vez Eino estaba herido, pero aun estaba vivo. Debía correr, arriesgarse a salir, y encontrar a Eino para curarlo, o iba a morir.
Satirycon saco la cabeza. Pudo ver que una terrible guerra se estaba librando. Muchísimos guerreros luchaban en el campo. Flechas volaban de bando a bando y cuerpos inertes caían sin vida al suelo. El derrame de sangre de esta guerra era enorme; tanta gente estaba muriendo, mas de la que podía haber en todo Mir.
Intento correr a través del campo de batalla. Intento utilizar magia para atravesarlo sin ningún daño, pero no podía canalizar su sangre.
Debía tratar de correr a través del campo de batalla salvándose y esquivando las flechas y espadas.
Satirycon se paro. Se preparo para correr y se lanzo a la carrera.
Corría como loco, como si el mundo se fuera a acabar. Las flechas volaban sobre su cabeza. Una de ellas, lanzada por un muchacho joven de aspecto fuerte, iba directo hacia el. La flecha seguramente fue apuntada originalmente hacia el dragón, pero ahora le iba a golpear la cabeza a Satirycon.
El trato de moverse, pero el miedo se lo impidió.
No podía moverse, la flecha iba directo hacia el, era el fin. El tiempo se ralentizo, veía cada detalle de la guerra, pero se concentro en la flecha. Logro mover un brazo, como para cubrirse.
Cerró los ojos, preparado para el intenso dolor de la flecha de punta de metal.
O el tiempo pasaba tan lento, o no sentía nada. Hacia como quince segundos que esperaba la flecha.
Abrió los ojos, y miro hacia el muchacho. Había disparado la flecha, esta había dado con el dragón. ¡La flecha había atravesado a Satirycon!
Ahora Satirycon entendía todo… estaba muerto. Ya podía descansar en paz…