sábado, 11 de junio de 2011

Capitulo XIV: Emboscada




En el momento en el que Mayr se carbonizó el bosque se torno extremadamente silencioso. Solo se oía el murmullo de los árboles, ni los pájaros cantaban, como si tuvieran conocimiento de lo que estaba pasando. Satirycon, Eino y Fanix estaban atónitos… ¿Como podría haber sucedido esto? ¿Acaso era culpa de Satirycon? ¿Había muerto Mayr?
Lo que si sabían era que ya no tendrían que preocuparse por ella…
Su próximo objetivo era llegar al volcán, y así poder conseguir  el amuleto encomendado por el Kuningas. No sabían que había pasado con Haukka.
El sol ya se escondía en el horizonte cuando llegaron a un cañón…
- Pasaremos la noche aquí – Dijo Satirycon 
- ¿Que eso? – dijo Eino mirando hacia abajo, asomado al cañón. Este era precioso. La pared de piedra rojiza reflejaba unas extrañas luces en el fondo. El piso arenoso, parecía tan suave. Un camino poco trazado salía desde donde estaban acampando. El precipicio que yacía bajo el era enorme; casi cien metros de caída.
Eran luces que se movían al fondo del cañón, como una caravana de personas…
- ¡No hay tiempo para dormir, debemos bajar para averiguar que esta pasando! - Grito Satirycon luego de escuchar los gritos que se oían debajo de ellos.
Satirycon se dispuso a descender, lo siguió Fanix y por último Eino, un poco asustado. La bajada era densa, muy empinada. Debían ir pegados al borde de la pendiente, aunque, más que pendiente, era una pared. A la mitad del viaje Satirycon notó algo…
Son personas – Dijo 
¿Que harán aquí? – Pregunto indignado Eino
Tendremos que averiguarlo – respondió Fanix
Continuaron el descenso. Cada vez estaban más cerca de la gente, pero aun no se habían dado cuenta de que estaban. Una gran turba de gente iba en caravana através del cañón. Una mezcla increíble de gente se podía ver. Un grupo de soldados encabezaba el grupo de gente. Vestidos con cascos y armaduras dirigían a la gente blandiendo sus espadas. Eino no podía creerlo. Fue solo un segundo de distracción en el cual se patino, el que logro callar a la turba.
- ¡Una emboscada!- Grito uno de los soldados.
- ¡Alto! Son solo nobles viajeros- Eino no vio de donde fue que hablaron, pero fue una voz suave, como de una mujer anciana.
- Disculpe - Pregunto Satirycon a la mujer – ¿A donde se dirigen?
- Nos dirigimos a la meseta Suuri Tansko de, ahí nos asentaremos. Debido a que nuestra aldea fue destruida por un ejército que estuvo arrasando pueblos por todo el mundo. No tuvimos oportunidad contra ellos, nuestros mejores guerreros están a salvo en una pequeña aldea cercana a la nuestra, preparados para una posible emboscada.
En ese instante una anciana caminaba por delante de ellos, era quien detuvo la turba. Eino la reconoció en ese mismo momento, era quien lo había atendido luego del ataque de Korup.
- Son de T`aguhi – Dijo Eino Inmediatamente Satirycon comenzó a recordar aquel sueño, tal vez no había sido un sueño, sino una premonición. Recordaba la guerra, el dragón, las muertes sin sentido ante una infinidad de guerreros. A pesar de todos tus esfuerzos, mueres, y eso demuestra que ni aun el más terrible guerrero puede ganarle a la muerte, y de nuevo recuerdas lo efímero de la vida terrenal. Aquí no había ningún dragón, pero no quería saber que podía pasar.
Un recuerdo trastorno la mente de Satirycon. Tanta gente luchando, muertes, el dragón gritando alaridos de dolor, sufriendo, la sangre esparcida en el campo. ¿Que haríamos si el mundo cayera en la eterna tumba de la destrucción? ¿Que pasaría si uno de ellos moría en el combate? 
Había algo que le quedaba claro... Tenían que prepararse, lo antes posible.
- ¡Tenemos que encontrar a Haukka! – Exclamó Satirycon – Antes de que sea demasiado tarde.
Pero, ¿Por qué? – Preguntó indignado Eino – ¿Y los amuletos para el Kuningas?
Eso ya no importa, - Dijo Satirycon – Les explicare todo en el camino. Vamos, primero tenemos que juntarnos con los soldados de T`aguhi y luego iremos por Haukka.
Eino no entendía nada de lo que estaba sucediendo, por como veía a Satirycon prefirió no hacer preguntas y esperar a que él comience a hablar.

Corrieron através de la gente, y esta, asustada, se corrían y los dejaban pasar. El cañón se habría hacia un pueblo que rodeaba la meseta Suuri Tansko, donde una ciudad enorme yacía. El camino que había entre allí y la meseta era de cinco horas a pie, diez desde T`aguhi. El sol debería estar saliendo para cuando llegaran. Eino y Fanix seguían a Satirycon, sin entender mucho lo que ocurría. Era una noche estrellada, la luna brillaba más que nunca. Unas nubes tapaban a la luna de a ratos.
- ¡Alto Satirycon! - Una voz se escucho desde el borde del cañón. Provenía de lo alto del cañón, allí se veía una figura. Era una figura rara, que Eino, no reconoció.
Satirycon se dio vuelta de un salto.
- Te necesitamos... -
- No se preocupen por mí... Debo irme... - La figura dio un salto impresionante y cayo justo frente a Eino. Este, asustado e incomprendido, se alejo de el rápidamente. Ahora ya no era una sombra, sino una persona: era un muchacho que usaba una capa larga, que caía desde sus hombros. Utilizaba una armadura dorada, aunque solo usaba las protecciones de los brazos. El muchacho ya era una figura difuminada en la noche.
Era Haukka...
Ese pensamiento recorrió la cabeza de Eino. No podía ser el. Había ido a buscar a su padre. Un raro sentimiento sucumbo a Eino:
"No se preocupen por mi... Debo irme... “- ¿A que se refería? ¿A caso nos dejara...? Eino no podía ni pensarlo.
- Satirycon, ya se fue, déjalo ir... - Fanix trato de calmarlo.
- Tienes razón... ¿A donde iría? -
- Es algo que solo el sabe... -
- Creo que si deberíamos ir a buscar a los amuletos, Kuningas los necesitara si se libra una guerra. - Eino Interrumpió.
- Si, es una buena idea, pero antes, comamos algo, hace como cuatro horas deberíamos haber comido. - Dijo Fanix.
- Si yo también tengo hambre. - Dijo Eino con una risa suave.
- Vale, vamos a comer - Satirycon señalo a la caravana de gente. Apenas pudieron, salieron hacia allí.

Luego de comer, Fanix, Satirycon y Eino, durmieron toda la noche.
Apenas amaneció, Eino fue a ver la mañana desde afuera de la carpa. Un sol radiante brillaba justo hacia donde se abría el cañón. La caravana se había adelantado, ya que no durmieron en toda la noche. Había unas cuantas nubes de tormenta a lo lejos, lo cual preocupaba un poco a Eino. Fanix y Satirycon se levantaban para cuando Eino ya estaba listo para partir. Aunque no eran muchas cosas, debía acomodarlas en la mochila que Haukka le había dejado. Solo llevaba una espada, las ropas que habían encontrado en el claro donde lucharon contra Korup, y un par de mapas y libros que Haukka había guardado.
Una vez que Satirycon y Fanix se desperezaron, marcharon hacia la meseta. En poco tiempo, alcanzaron a la caravana, pero decidieron dejarla atrás: Ellos deseaban ver a la ciudad antes de ser destruida.
Caminaban a un buen ritmo, pero el sol ya se ponía molesto. El reflejo del sol en las paredes del cañón eran insoportables, el reflejo quemaba a los ojos. El clima era liviano, debido a que una brisa fresca soplaba através del cañón.
Bien plantado el mediodía, el sol ya estaba tapado por las nubes negras de tormenta. El tiempo se estaba poniendo frío, y ya no podían seguir a ese paso ligero que llevaban.
Una tormenta comenzó a repiquetear un rato antes de que llegaran a la meseta Suuri Tansko. Una vez que llegaron a los pies de la meseta, comenzaron la escalada. Fue una escalada liviana, pero el frío y la lluvia no ayudaban. La caravana se había quedado unas dos horas atrás, por lo que tenían tiempo. Una vez que llagaron allí, pudieron presenciar la gran meseta, en la cual se podía ver a todo el cañón. El pueblo era grande, comparado con T`aguhi. En la entrada, unas pequeñas casas de madera se asentaban.
- Creo que aquí es un buen lugar para comer. - Dijo Fanix, sentándose en la arena del porche de una casa que se encontraba en la entrada.
- Si, pienso lo mismo, desde aquí se puede ver todo el cañón. - Satirycon la acompaño.
- ¿Que es eso? - Eino señalo a algo que parecía una persona que venia corriendo, desde abajo de la meseta. Parecía que había corrido mucho. Era una mujer, joven, estaba herida. Tenía un brazo cortado, parecía que sangraba mucho.   Corría como si hubiera pasado algo terrible. Gritaba algo incomprensible, que, cuando se acerco un poco mas, Eino comprendió que decía:
-¡Ayuda, nos emboscaron! ¡Toda la gente de T`aguhi esta siendo atacada!-
Eino salio corriendo al rescate, seguido de Satirycon y Fanix.


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