domingo, 5 de junio de 2011

Capitulo XIII: Mayr

 Un rasgo de luz entro por los ojos de Satirycon. Estaba despertando. Era una sensación que nunca antes había experimentado antes: era como si despertara de un sueño eterno, como si hubiera hibernado, como un oso.
¿Acaso estaba muerto? ¿O todo había sido una ilusión de su mente?
Si bien algo sabía era que estaba en los bosques de Mir.
Satirycon se levantó, haciendo un esfuerzo tremendo. Apenas se levante recupero toda la energía.
Reviso el pasto. Había unas pequeñas marcas de sangre suyas. Miro al frente. Había tres cuerpos en el piso.
Fanix estaba acostada en el suelo, inerte, pero como si la hubiesen dejado ahí. No tenía macas de daños, ni siquiera la del dardo. La muchacha estaba a su lado.
El otro cuerpo era de Eino. También acostado acomodadamente. Le reviso los daños de los ataques que accidentalmente le habían hecho daño, o tal vez no fueron tan accidentalmente. Satirycon se enojó con sigo mismo. Increíblemente, cuando levanto la remera, Eino no tenía marcas de daño. Le tomo el pulso, todo normal.
El campo de batalla estaba lleno de sangre, de todos, incluso de Eino.
Satirycon se preguntaba que había pasado con Musta. No debía haber escapado. El quería algo de nosotros...
Trato de despertar a Eino, a Fanix y a la muchacha, pero seguían muy cansados. Reviso el campo en busca de algo. Ya empezaba a preocuparse por la muchacha, hacia un día y medio que no despertaba. Satirycon había estado desmayado toda la noche, al igual que todos.
Volvió a repasar el lugar. Encontró la cerbatana de Musta tirada junto a un árbol. La levanto. Tenía una mancha de sangre seca en toda la boquilla, la cual estaba cargada.
Satirycon saco el dardo de la cerbatana. Lo revisó minuciosamente. No tenía marcas de veneno, pero él sabía que el dardo era venenoso. Seguro lo había envenenado con magia oscura.
Ahora que todo quedaba un poco más claro, recordó a Haukka. Satirycon recordaba que tenía que ir con su padre, pero no tenía ni idea de quién era el padre de Haukka.
También debían conseguir un talismán para el Kuningas, pero cada vez que intentaban hacer algo con él terminaban en grandes problemas. Hacia más de una semana que no podían dormir bien para hacer guardia,  porque los atacaron. Desde que se encontró con Eino y Haukka, no pudieron hacer nada bien.
Satirycon se perdió en sus pensamientos. Tanto, que no se dio cuenta de que Fanix estaba parada a su lado. Retomo con un salto del miedo.
- Hola Satirycon - Dijo Fanix con una increíble calma.
- Hola -
- ¿Tienes idea de que ocurrió? -
- Un dardo tranquilizante te dio en el cuello... pronto te sentirás como nueva. - Le respondió Satirycon.
- Me siento excelente, como si hubiera dormido durante varios días. -
- Me siento igual. La verdad es que no sé qué fue lo que ocurrió en el combate. Solo recuerdo que quien lanzo el dardo se llamaba Musta. El utilizo energía oscura para controlar las acciones de Eino. No recuerdo mucho más. - Dijo Satirycon. Omitió la parte cuando el atacaba a Eino. Fanix se iba a poner furiosa si le contaba eso.
- ¿Cómo esta Eino? - Le pregunto Fanix.
- Ha estado durmiendo desde que nos atacaron. -
- Bueno, veré si puedo hacerle algo. -
Fanix fue hacia Eino. Para su asombro, estaba en perfectas condiciones. No tenía fiebre, ni estaba enfermo, o con golpes.
Le lanzo una gota de agua, para que se despertara lentamente. Eino estiró los brazos, las piernas, y se levantó.
- Hola Eino, ¿Cómo te sientes? - Dijo Fanix suavemente.
- Bien, bueno, en realidad, me siento de lo mejor. Tengo energía como para destruir un bosque entero. - Dijo Eino mientras soltaba una risita tonta.
- Tu también eh?. Así que todos estamos igual, excepto ella. - Dijo señalando a la muchacha que estaba recostada en el suelo. - Parece mal, ¿no crees Eino? -
-Sí, tienes razón, se ve mal... - Eino miro fijamente a la chica.
Empezó a recordar todo lo que había dejado atrás... Eino tenía una madre y un padre, Jessie y Peter. El no recordaba mucho de su infancia, ya tenía catorce años. El tenía varios amigos, a los que dejo en su mundo. No sabía si este era un mundo paralelo o era un pueblo oculto, pero la verdad es que deseaba volver.
Algo en el corazón le decía que debía quedarse, Kuningas lo necesitaba para algo; por eso fue convocado.
Extrañaba su vida normal: levantarse todas las mañanas temprano, vestirse rápidamente para no llegar tarde a la escuela... Extrañaba todo eso.
Una lágrima recorrió la cara de Eino, desde que había llegado desgracia tras desgracia les habían ocurrido. Haukka se había ido, Él y Satirycon casi mueren, y encontraron una, muchacha inconsciente en el medio del bosque.
Eino fue a lavarse la cara al arroyo. Cuando vio su reflejo en el agua, no se reconoció. Ya no tenía la cara regordeta, ni tenia cara de niño. Ahora ya parecía un hombre. Una pequeña barba se le asomaba en el mentón. Tenía la cara rasguñada y sucia, hacía como una semana que no se bañaba.
- ¿Eino, estas bien? - Dijo Fanix cariñosamente.
- Si, sí. No te preocupes... - Dijo corriéndose las lágrimas con la mano.
Satirycon estaba perdido en sus pensamientos. Todavía estaba perdido por lo del sueño. ¿Acaso esto no era más que pura imaginación? ¿Realmente estaba vivo?
Todo parecía tan real, pero él no estaba tan seguro. Lo único que podía hacer era seguir adelante.
Satirycon se levantó, mojo una toalla con el agua fría de la cantimplora, se acercó hacia la muchacha y le puso la toalla en la frente.
Apenas hubo contacto con la frente de la muchacha, esta abrió los ojos.
Despertó sorprendida y asustada a la vez. Fanix y Eino se dieron vuelta para verla.
La muchacha los miro con cara de odio. Un solo movimiento con las manos y una palabra cambio todo:

Jūsu asins nevarēs cast viļņus, jūsu ķermenis nespēs nākt pie manis un jūsu domas būs manā apziņā.

 Luego de que la muchacha halla dicho esto hacia Satirycon, este se alejó volando en el aire hacia atras. Cuando cayó, se golpeo la cabeza contra el suelo, esto lo dejó inconsciente.
Eino se puso en guardia, al igual que Fanix. No recordaba que Fanix supiera lanzar hechizos, o fuera un Zvir, pero aun así se preparó para atacar. Las palabras que la muchacha dijo, le resonaban en la cabeza, pero ahora las entendia perfectamente, como si fuera su idioma natal.
-Tu sangre sera incapaz de lanzar hechizos, tu cuerpo sera incapaz de acercarse hacia mi y tus pensamientos serán dados en mi conciencia.-
Eino se enfureció con la muchacha, estaba haciendo hechizos contra ellos, aunque la ayudaron. 
Decidido y preparado para atacar. Levantó ambas manos, clavo los pies en el piso, y se concentró.
Dos aces de luz - Uno de cada mano - salieron volando desde Eino hacia los pies de la muchacha. Los aces se enredaron como sogas en los pies de la muchacha y esta cayó de cara al piso. La chica intento formular otro hechizo pero el dolor en la nariz por la caída lo impidió.
- ¡No queremos hacerte daño! - Grito Eino furioso.
- Nadie les cree eso... liquídenme ahora, no me hagan sufrir. - Dijo la muchacha con un tono tan frio que le dio un escalofrio a Eino.
- ¡Calmate! - Grito Fanix - Nosotros te salvamos de la muerte, te curamos tus daños y vencimos a quien te capturó. -
-Está bien, les creeré. - Dijo mirando hacia abajo.
-¿Como llegué aquí? - Continuó.
- Un hombre llamado Mustar te capturo e intentó asesinarte. Te encontramos toda cortada y lastimada. Luego Mustar nos ataco; y, de alguna manera, lo vencimos. Apareciste con los cortes curados. No sabemos que pasó. -
- Chico, ¿Puedes soltarme? - Dijo a Eino.
- Si, lo siento. A por cierto, me llamo Eino. -
- Gracias. Me llamo Mayr, ¿Y tú eres? - Pregunto a Fanix.
- Fanixyan. Puedes decirme Fanix. ¡Satirycon, la muchacha despertó! - Grito
Satirycon se dio vuelta y sonrió. Estaba tan absorto en sus pensamientos que no había notado la charla. Se acercó para saludarla. Cuando llego hasta donde estaba Mayr, intentó levantarla, poniendo sus dos manos bajo ella. Mayr se comenzó a quemar.. Satirycon se apartó. Intento conjurar un hechizo, pero ya era tarde. La muchacha joven era ceniza.

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