miércoles, 9 de noviembre de 2011

holaaa!

holaaa a todos , si es q alguien no sigee jajaj .. si a alguien le interesa aca les dejo mi facebook : Gonza Castiglione ... si ieren me agregann o haganme preguntas , lo q sea .... si veo q a alguna persona le interesa lo q escribimos es probable q lo continuee

martes, 19 de julio de 2011

Atraso...

Disculpen por las demoras de los capitulos, pero para ponernos al dia no vamos a publicar capitulos nuevos hasta agosto.

domingo, 10 de julio de 2011

Capitulo XV: Sangre derramada



Eino corría a través de aquel enorme cañón, seguido de Fanix y Satirycon. La niebla impedía ver a lo lejos, pero se sentía la tensión de aquella sangrienta emboscada.
El blandir de las espadas, los gritos de guerra, las desgarradas penas sufriendo, pidiendo piedad, toda T´aguhi estaba siendo asesinada. La luz del sol era lo único más efímero que la vida de los guerreros en la batalla, que ya se podía ver acercándose a lo lejos, como una imagen borrosa.
La niebla comenzó a espesarse, ya no se veían las paredes del cañón, ni la batalla. Aunque ya estaba muy cansado, siguió trotando; debía guardar energía para la batalla.
El campo se acercaba, ya se sentía el hedor de la sangre, penetrante; el hedor de los cuerpos y el olor a metal caliente, proveniente de las espadas entre chocantes, golpeando a matar o morir, y resquebrajando los corazones de tantas familias, matando gente inocente en esa orgia sangrienta de bandos asesinos. Eino no podía calmarse, había estado varias veces en batalla, pero siempre termino noqueado, paralizado, desmayado... Pero esa racha iba a terminar, esta vez, o eso esperaba.
Una tormenta comenzó a mojar las espadas que a lo lejos se escuchaban; aunque ahora, ya parecían más cercanas.
Eino tuvo que parar, debido al cansancio. Estaba empapado, con una mezcla de sudor y agua de lluvia. Se oían un par de espadazos, lejanos a la batalla, pero cercanos a él. Fanix y Satirycon ya no se veían por la niebla. Eino miro hacia su derecha. Bajo la borrosa niebla, dos cuerpos peleaban, lejos de cualquier persona, alejados de la realidad.
Eino se levantó, con todas sus fuerzas. Aunque la niebla no lo permitía, decidió buscar a Fanix y a Satirycon. Corrió un par de metros hacia adelante, pero no encontró a nadie. Seguía escuchando los espadazos, pero no se veía nadie.
Decidió buscar algo en la mochila que lo proteja. No había mucho, solo un par de mapas, grandes y rotos; un par de dagas, y una espada. Las dagas no eran lo suficientemente grande, por lo que cogió la espada. Era grande, del tamaño de un brazo adulto, pesada. Era una espada cerrada, con un solo corte lograría cortar desde la garganta al estómago. De una manera casi perfecta, lucia su filo de plata teñido con el color carmesí de la sangre de tantas almas robadas. El mango sin protección para los dedos, demostraba el valor del portador que tenía para convertir la matanza en un arte.
Cada espadazo de aquel duelo retumbaba por todo el cañón, en una armonía melódica, al compás de la lluvia; aunque la batalla lo opacaba.
La niebla comenzó a disiparse. Ya se veía la sangre derramada en el campo de batalla, que estaba relativamente cerca. Ya veía a los dos cuerpos luchando... A Eino se le paro el corazón por unos instantes: Satirycon estaba luchando, contra... Korup. Satirycon tenía la cara manchada de sangre, aunque no se distinguía de quien era. Eino se desesperó. No sabía qué hacer. Tomo el mango de la espada firmemente y lo lanzo con todas sus fuerzas hacia Korup.
La batalla se tornó borrosa. No veía nada. La sangre del suelo mancho su vista...


Eino intento abrir los ojos, sin resultado aparente.
Ya podía escuchar y sentir todo, pero no podía ver ni moverse. Era como un raro estado de coma, como si lo ataran de manos y piernas tan fuertemente como para no poder moverse, y para colmo, tampoco podía hablar. Estaba en una prisión en su mente, no podía escapar.
Una voz se escuchaba suavemente a lo lejos, con una voz débil, dijo algo que Eino no comprendió.
A Eino se le ocurrió una idea. Podía hacer magia para moverse. Tal vez funcionaba, no tenía nada que perder. Esta vez Eino concentro la energía sobre los brazos y las piernas. Comenzó a calentarse, tanto, que comenzó a traspirar. Alguien noto eso, porque sintió una mano en la frente. Ahora ya escuchaba bien, pero no podía moverse.
- ¿Estará bien? Esta traspirando un mar de sudor... - Dijo Satirycon; o alguien más... no pudo reconocer totalmente la voz, aunque le era familiar.
- No te preocupes por él, no le has hecho nada... - Otra voz se escuchó, esta era más grave y áspera que la anterior. - ¿Qué hacemos con este otro cuerpo? - Eino se puso nervioso, no estaba seguro de quien fuera ese asesino...
Eino ya podía despertar, pero no quería moverse y hacerse notar, no estaba seguro si aquellas personas eran buenas o malas.
- Vamos Mustar, debemos irnos. - Dijo la voz áspera y grave otra vez.
Mustar... Era quien ataco a Eino, Fanix y Satirycon cuando estaban en el campamento... ¿Podría ser que acaso eran ambos seguidores de Korup?
Eino decidió esperar a que se fueran lejos, para poder levantarse.
Una vez levantado, miro hacia alrededor. Era ya de noche, tal vez había pasado más de un día. El campo de batalla era horrible. Miles de cuerpos esparcidos en el suelo como si una bomba hubiera caído sobre ellos. El suelo, teñido de sangre, tenía espadas, lanzas, cuchillos y dagas, clavadas en el suelo del campo de batalla. A la derecha de Eino, Satirycon estaba en el suelo, manchado de sangre, con una espada clavada en el brazo izquierdo, atravesada, llena de sangre. ¿Quién habría sido tan maldito como para hacerle eso a alguien?
Apenas pudo retirar la espada sin largarse a llorar del enojo que lo consumía. Miro la espada fijamente... Era la espada de Haukka, la que le había lanzado a Korup para matarlo. Tal vez había desviado un poco la espada y, le golpeo a Satirycon...
Eino puso su mano en el cuello, como lo hacían en las películas, para tomarle el pulso. No sabía si era de los nervios, de la tristeza, o era real, pero Satirycon no tenía pulso.
Un reflejo hizo que Eino tomara la espada, y apuntara directamente hacia su corazón. Iba a hacerlo, se iba a suicidar. Toda su vida paso sobre sus ojos... aunque... no toda su vida...
Ahora que comenzaba a recordar, no recordaba nada de su vida, solo el nombre de sus padres y el último año de vida. Era como si hubiera nacido con la misma edad que tenía ahora (catorce años). Toda su vida era vacía, no recordaba nada de su infancia. Era extraño, muy extraño. Pero, ahora que lo recordaba, esto era un sueño, o... ¿Existía la posibilidad acaso, de que esto sea real...?
Eino lanzo la espada hacia el suelo, y decidió buscar a Fanix. Estaba detrás de él, con un aspecto destrozado. Esos finos trazos que tenía en los labios estaban casi tan cortados como Satirycon. Los ojos azules habían perdido todo el brillo y estaban vidriosos, una lágrima casi caía sobre esas pequeñas mejillas suaves. El pelo castaño estaba despeinado y unos mechones habían sido cortados por las espadas de los guerreros.
- ¿Que... Que le paso a Satirycon? - Dijo Fanix con una voz de niña inocente.
- La verdad es que no sé qué fue lo que paso... - Dentro sabía que había pasado.
- ¿Está vivo? -
- Creo que sí. - Fanix se levantó y le tomo el pulso.
- Ahhh, está bien. Solo esta noqueado. Debo curar la herida del hombro, casi muere desangrado... Eino, ¿Tenés vendas? -
Eino busco en la mochila. Encontró un bolsillo que no había visto, había una bolsa de tela, color marrón. Eino la abrió. Era simplemente un rollo de vendas lo que contenía. Las vendas estaban viejas, ya gastadas y amarronadas, pero servían. Se las tendió en la mano a Fanixyan.
- ¿Cómo ocurrió esto? - Dijo Fanix
- No lo sé. Satirycon y Korup estaban peleando y, caí noqueado. Luego vi a Mustar y a otro hombre. Se fueron hace unos diez minutos. -
- Mustar fue quien nos atacó en el campamento, me lo dijo Satirycon. -
Satirycon ya estaba vendado, ya no sangraba.
- Revisemos el campo de batalla, tal vez allá heridos. Es increíble que se fueran tan rápido quienes emboscaban. Dejaron todo seco. No querían dejar el paso hacia Suuri Tansko. Debe haber algo importante allí. -
- Basta de charlas, yo monto la tienda; tu, busca sobrevivientes. - Dijo con un tono cortante.
Eino comenzó a caminar hacia el lado contrario de la ciudad. Fue a buscar en el medio del campo de batalla.
Cientos de cadáveres esparcidos en el suelo, con todo tipo de armas clavadas de formas inimaginables. En todo el campo de batalla, a simple vista, todos fueron asesinados por Korup y su bando.
A lo lejos, se sentía un pequeño alarido, un sonido extraño, entrecortado, como de un animal arrastrándose por el suelo. Eino miro a su alrededor. No encontró nada. Tal vez era solo una estupidez.
Camino un par de pasos hacia adelante, todavía impactado por la imagen del campo de batalla. La oscuridad abrasaba el cañón, pero la luna iluminaba lo necesario para ver.
Algo pegajoso sentido en la suela de su zapato, como cuando uno pisa un chicle, pero esta voz no era solo eso, lamentablemente. Un líquido, rojo oscuro, muy parecido al color de la sangre seca, manchaba el piso y la mochila.
De un susto, Eino reviso la mochila. El líquido salía de un bolsillo. Cuando la abrió, un espantoso hedor, como una mezcla entre comida rancia y un cuerpo en descomposición. Logro quitar lo que desprendía tan horrible olor. Las vendas, eran las culpables. Estaban totalmente teñidas de un rojo sangre. Comenzó a desenvolver el rollo de vendas. Cada vez más adentro el color pasaba de rojo intenso a negro profundo. El hedor era cada vez más fuerte. El interior era blando, era algo suave, parecido a una gelatina envuelta en algodón.
El interior salió al aire. Una pequeña bola, brillante, parecida a una bola de juguete, esas peluda que venden en las calles, pero está en era peluda, irradiaba tanta luz que parecía tener pelos.
El piso se acercó hacia Eino. Un fuerte dolor en una pierna - la derecha - hizo que se desequilibrara y cayera. Alguien arrebato de las manos de Eino el objeto que había estado vendado hacia un rato. Unos pasos a lo lejos escucho, escapando. La pierna estaba despedazada, un tajo por todo el gemelo, dejando el hueso al exterior. El suelo se manchó de sangre. Unos pasos se acercaron hacia él.
- Dejavú - Cada vez que entraba en combate le ocurría algo malo...

sábado, 11 de junio de 2011

Capitulo XIV: Emboscada




En el momento en el que Mayr se carbonizó el bosque se torno extremadamente silencioso. Solo se oía el murmullo de los árboles, ni los pájaros cantaban, como si tuvieran conocimiento de lo que estaba pasando. Satirycon, Eino y Fanix estaban atónitos… ¿Como podría haber sucedido esto? ¿Acaso era culpa de Satirycon? ¿Había muerto Mayr?
Lo que si sabían era que ya no tendrían que preocuparse por ella…
Su próximo objetivo era llegar al volcán, y así poder conseguir  el amuleto encomendado por el Kuningas. No sabían que había pasado con Haukka.
El sol ya se escondía en el horizonte cuando llegaron a un cañón…
- Pasaremos la noche aquí – Dijo Satirycon 
- ¿Que eso? – dijo Eino mirando hacia abajo, asomado al cañón. Este era precioso. La pared de piedra rojiza reflejaba unas extrañas luces en el fondo. El piso arenoso, parecía tan suave. Un camino poco trazado salía desde donde estaban acampando. El precipicio que yacía bajo el era enorme; casi cien metros de caída.
Eran luces que se movían al fondo del cañón, como una caravana de personas…
- ¡No hay tiempo para dormir, debemos bajar para averiguar que esta pasando! - Grito Satirycon luego de escuchar los gritos que se oían debajo de ellos.
Satirycon se dispuso a descender, lo siguió Fanix y por último Eino, un poco asustado. La bajada era densa, muy empinada. Debían ir pegados al borde de la pendiente, aunque, más que pendiente, era una pared. A la mitad del viaje Satirycon notó algo…
Son personas – Dijo 
¿Que harán aquí? – Pregunto indignado Eino
Tendremos que averiguarlo – respondió Fanix
Continuaron el descenso. Cada vez estaban más cerca de la gente, pero aun no se habían dado cuenta de que estaban. Una gran turba de gente iba en caravana através del cañón. Una mezcla increíble de gente se podía ver. Un grupo de soldados encabezaba el grupo de gente. Vestidos con cascos y armaduras dirigían a la gente blandiendo sus espadas. Eino no podía creerlo. Fue solo un segundo de distracción en el cual se patino, el que logro callar a la turba.
- ¡Una emboscada!- Grito uno de los soldados.
- ¡Alto! Son solo nobles viajeros- Eino no vio de donde fue que hablaron, pero fue una voz suave, como de una mujer anciana.
- Disculpe - Pregunto Satirycon a la mujer – ¿A donde se dirigen?
- Nos dirigimos a la meseta Suuri Tansko de, ahí nos asentaremos. Debido a que nuestra aldea fue destruida por un ejército que estuvo arrasando pueblos por todo el mundo. No tuvimos oportunidad contra ellos, nuestros mejores guerreros están a salvo en una pequeña aldea cercana a la nuestra, preparados para una posible emboscada.
En ese instante una anciana caminaba por delante de ellos, era quien detuvo la turba. Eino la reconoció en ese mismo momento, era quien lo había atendido luego del ataque de Korup.
- Son de T`aguhi – Dijo Eino Inmediatamente Satirycon comenzó a recordar aquel sueño, tal vez no había sido un sueño, sino una premonición. Recordaba la guerra, el dragón, las muertes sin sentido ante una infinidad de guerreros. A pesar de todos tus esfuerzos, mueres, y eso demuestra que ni aun el más terrible guerrero puede ganarle a la muerte, y de nuevo recuerdas lo efímero de la vida terrenal. Aquí no había ningún dragón, pero no quería saber que podía pasar.
Un recuerdo trastorno la mente de Satirycon. Tanta gente luchando, muertes, el dragón gritando alaridos de dolor, sufriendo, la sangre esparcida en el campo. ¿Que haríamos si el mundo cayera en la eterna tumba de la destrucción? ¿Que pasaría si uno de ellos moría en el combate? 
Había algo que le quedaba claro... Tenían que prepararse, lo antes posible.
- ¡Tenemos que encontrar a Haukka! – Exclamó Satirycon – Antes de que sea demasiado tarde.
Pero, ¿Por qué? – Preguntó indignado Eino – ¿Y los amuletos para el Kuningas?
Eso ya no importa, - Dijo Satirycon – Les explicare todo en el camino. Vamos, primero tenemos que juntarnos con los soldados de T`aguhi y luego iremos por Haukka.
Eino no entendía nada de lo que estaba sucediendo, por como veía a Satirycon prefirió no hacer preguntas y esperar a que él comience a hablar.

Corrieron através de la gente, y esta, asustada, se corrían y los dejaban pasar. El cañón se habría hacia un pueblo que rodeaba la meseta Suuri Tansko, donde una ciudad enorme yacía. El camino que había entre allí y la meseta era de cinco horas a pie, diez desde T`aguhi. El sol debería estar saliendo para cuando llegaran. Eino y Fanix seguían a Satirycon, sin entender mucho lo que ocurría. Era una noche estrellada, la luna brillaba más que nunca. Unas nubes tapaban a la luna de a ratos.
- ¡Alto Satirycon! - Una voz se escucho desde el borde del cañón. Provenía de lo alto del cañón, allí se veía una figura. Era una figura rara, que Eino, no reconoció.
Satirycon se dio vuelta de un salto.
- Te necesitamos... -
- No se preocupen por mí... Debo irme... - La figura dio un salto impresionante y cayo justo frente a Eino. Este, asustado e incomprendido, se alejo de el rápidamente. Ahora ya no era una sombra, sino una persona: era un muchacho que usaba una capa larga, que caía desde sus hombros. Utilizaba una armadura dorada, aunque solo usaba las protecciones de los brazos. El muchacho ya era una figura difuminada en la noche.
Era Haukka...
Ese pensamiento recorrió la cabeza de Eino. No podía ser el. Había ido a buscar a su padre. Un raro sentimiento sucumbo a Eino:
"No se preocupen por mi... Debo irme... “- ¿A que se refería? ¿A caso nos dejara...? Eino no podía ni pensarlo.
- Satirycon, ya se fue, déjalo ir... - Fanix trato de calmarlo.
- Tienes razón... ¿A donde iría? -
- Es algo que solo el sabe... -
- Creo que si deberíamos ir a buscar a los amuletos, Kuningas los necesitara si se libra una guerra. - Eino Interrumpió.
- Si, es una buena idea, pero antes, comamos algo, hace como cuatro horas deberíamos haber comido. - Dijo Fanix.
- Si yo también tengo hambre. - Dijo Eino con una risa suave.
- Vale, vamos a comer - Satirycon señalo a la caravana de gente. Apenas pudieron, salieron hacia allí.

Luego de comer, Fanix, Satirycon y Eino, durmieron toda la noche.
Apenas amaneció, Eino fue a ver la mañana desde afuera de la carpa. Un sol radiante brillaba justo hacia donde se abría el cañón. La caravana se había adelantado, ya que no durmieron en toda la noche. Había unas cuantas nubes de tormenta a lo lejos, lo cual preocupaba un poco a Eino. Fanix y Satirycon se levantaban para cuando Eino ya estaba listo para partir. Aunque no eran muchas cosas, debía acomodarlas en la mochila que Haukka le había dejado. Solo llevaba una espada, las ropas que habían encontrado en el claro donde lucharon contra Korup, y un par de mapas y libros que Haukka había guardado.
Una vez que Satirycon y Fanix se desperezaron, marcharon hacia la meseta. En poco tiempo, alcanzaron a la caravana, pero decidieron dejarla atrás: Ellos deseaban ver a la ciudad antes de ser destruida.
Caminaban a un buen ritmo, pero el sol ya se ponía molesto. El reflejo del sol en las paredes del cañón eran insoportables, el reflejo quemaba a los ojos. El clima era liviano, debido a que una brisa fresca soplaba através del cañón.
Bien plantado el mediodía, el sol ya estaba tapado por las nubes negras de tormenta. El tiempo se estaba poniendo frío, y ya no podían seguir a ese paso ligero que llevaban.
Una tormenta comenzó a repiquetear un rato antes de que llegaran a la meseta Suuri Tansko. Una vez que llegaron a los pies de la meseta, comenzaron la escalada. Fue una escalada liviana, pero el frío y la lluvia no ayudaban. La caravana se había quedado unas dos horas atrás, por lo que tenían tiempo. Una vez que llagaron allí, pudieron presenciar la gran meseta, en la cual se podía ver a todo el cañón. El pueblo era grande, comparado con T`aguhi. En la entrada, unas pequeñas casas de madera se asentaban.
- Creo que aquí es un buen lugar para comer. - Dijo Fanix, sentándose en la arena del porche de una casa que se encontraba en la entrada.
- Si, pienso lo mismo, desde aquí se puede ver todo el cañón. - Satirycon la acompaño.
- ¿Que es eso? - Eino señalo a algo que parecía una persona que venia corriendo, desde abajo de la meseta. Parecía que había corrido mucho. Era una mujer, joven, estaba herida. Tenía un brazo cortado, parecía que sangraba mucho.   Corría como si hubiera pasado algo terrible. Gritaba algo incomprensible, que, cuando se acerco un poco mas, Eino comprendió que decía:
-¡Ayuda, nos emboscaron! ¡Toda la gente de T`aguhi esta siendo atacada!-
Eino salio corriendo al rescate, seguido de Satirycon y Fanix.


domingo, 5 de junio de 2011

Pagina en Facebook

Hola a todos!
Les queríamos contar que ya tenemos una pagina en facebook, como podran ver al costado del blog esta. Le pueden dar like desde ahi
Hago esto para que los que lean y no tengan cuenta en blogger puedan comentar , dar opiniones, etc.
http://www.facebook.com/pages/Sueños-Utopicos-Las-Cronicas-De-Mir/17832340222091

Capitulo XIII: Mayr

 Un rasgo de luz entro por los ojos de Satirycon. Estaba despertando. Era una sensación que nunca antes había experimentado antes: era como si despertara de un sueño eterno, como si hubiera hibernado, como un oso.
¿Acaso estaba muerto? ¿O todo había sido una ilusión de su mente?
Si bien algo sabía era que estaba en los bosques de Mir.
Satirycon se levantó, haciendo un esfuerzo tremendo. Apenas se levante recupero toda la energía.
Reviso el pasto. Había unas pequeñas marcas de sangre suyas. Miro al frente. Había tres cuerpos en el piso.
Fanix estaba acostada en el suelo, inerte, pero como si la hubiesen dejado ahí. No tenía macas de daños, ni siquiera la del dardo. La muchacha estaba a su lado.
El otro cuerpo era de Eino. También acostado acomodadamente. Le reviso los daños de los ataques que accidentalmente le habían hecho daño, o tal vez no fueron tan accidentalmente. Satirycon se enojó con sigo mismo. Increíblemente, cuando levanto la remera, Eino no tenía marcas de daño. Le tomo el pulso, todo normal.
El campo de batalla estaba lleno de sangre, de todos, incluso de Eino.
Satirycon se preguntaba que había pasado con Musta. No debía haber escapado. El quería algo de nosotros...
Trato de despertar a Eino, a Fanix y a la muchacha, pero seguían muy cansados. Reviso el campo en busca de algo. Ya empezaba a preocuparse por la muchacha, hacia un día y medio que no despertaba. Satirycon había estado desmayado toda la noche, al igual que todos.
Volvió a repasar el lugar. Encontró la cerbatana de Musta tirada junto a un árbol. La levanto. Tenía una mancha de sangre seca en toda la boquilla, la cual estaba cargada.
Satirycon saco el dardo de la cerbatana. Lo revisó minuciosamente. No tenía marcas de veneno, pero él sabía que el dardo era venenoso. Seguro lo había envenenado con magia oscura.
Ahora que todo quedaba un poco más claro, recordó a Haukka. Satirycon recordaba que tenía que ir con su padre, pero no tenía ni idea de quién era el padre de Haukka.
También debían conseguir un talismán para el Kuningas, pero cada vez que intentaban hacer algo con él terminaban en grandes problemas. Hacia más de una semana que no podían dormir bien para hacer guardia,  porque los atacaron. Desde que se encontró con Eino y Haukka, no pudieron hacer nada bien.
Satirycon se perdió en sus pensamientos. Tanto, que no se dio cuenta de que Fanix estaba parada a su lado. Retomo con un salto del miedo.
- Hola Satirycon - Dijo Fanix con una increíble calma.
- Hola -
- ¿Tienes idea de que ocurrió? -
- Un dardo tranquilizante te dio en el cuello... pronto te sentirás como nueva. - Le respondió Satirycon.
- Me siento excelente, como si hubiera dormido durante varios días. -
- Me siento igual. La verdad es que no sé qué fue lo que ocurrió en el combate. Solo recuerdo que quien lanzo el dardo se llamaba Musta. El utilizo energía oscura para controlar las acciones de Eino. No recuerdo mucho más. - Dijo Satirycon. Omitió la parte cuando el atacaba a Eino. Fanix se iba a poner furiosa si le contaba eso.
- ¿Cómo esta Eino? - Le pregunto Fanix.
- Ha estado durmiendo desde que nos atacaron. -
- Bueno, veré si puedo hacerle algo. -
Fanix fue hacia Eino. Para su asombro, estaba en perfectas condiciones. No tenía fiebre, ni estaba enfermo, o con golpes.
Le lanzo una gota de agua, para que se despertara lentamente. Eino estiró los brazos, las piernas, y se levantó.
- Hola Eino, ¿Cómo te sientes? - Dijo Fanix suavemente.
- Bien, bueno, en realidad, me siento de lo mejor. Tengo energía como para destruir un bosque entero. - Dijo Eino mientras soltaba una risita tonta.
- Tu también eh?. Así que todos estamos igual, excepto ella. - Dijo señalando a la muchacha que estaba recostada en el suelo. - Parece mal, ¿no crees Eino? -
-Sí, tienes razón, se ve mal... - Eino miro fijamente a la chica.
Empezó a recordar todo lo que había dejado atrás... Eino tenía una madre y un padre, Jessie y Peter. El no recordaba mucho de su infancia, ya tenía catorce años. El tenía varios amigos, a los que dejo en su mundo. No sabía si este era un mundo paralelo o era un pueblo oculto, pero la verdad es que deseaba volver.
Algo en el corazón le decía que debía quedarse, Kuningas lo necesitaba para algo; por eso fue convocado.
Extrañaba su vida normal: levantarse todas las mañanas temprano, vestirse rápidamente para no llegar tarde a la escuela... Extrañaba todo eso.
Una lágrima recorrió la cara de Eino, desde que había llegado desgracia tras desgracia les habían ocurrido. Haukka se había ido, Él y Satirycon casi mueren, y encontraron una, muchacha inconsciente en el medio del bosque.
Eino fue a lavarse la cara al arroyo. Cuando vio su reflejo en el agua, no se reconoció. Ya no tenía la cara regordeta, ni tenia cara de niño. Ahora ya parecía un hombre. Una pequeña barba se le asomaba en el mentón. Tenía la cara rasguñada y sucia, hacía como una semana que no se bañaba.
- ¿Eino, estas bien? - Dijo Fanix cariñosamente.
- Si, sí. No te preocupes... - Dijo corriéndose las lágrimas con la mano.
Satirycon estaba perdido en sus pensamientos. Todavía estaba perdido por lo del sueño. ¿Acaso esto no era más que pura imaginación? ¿Realmente estaba vivo?
Todo parecía tan real, pero él no estaba tan seguro. Lo único que podía hacer era seguir adelante.
Satirycon se levantó, mojo una toalla con el agua fría de la cantimplora, se acercó hacia la muchacha y le puso la toalla en la frente.
Apenas hubo contacto con la frente de la muchacha, esta abrió los ojos.
Despertó sorprendida y asustada a la vez. Fanix y Eino se dieron vuelta para verla.
La muchacha los miro con cara de odio. Un solo movimiento con las manos y una palabra cambio todo:

Jūsu asins nevarēs cast viļņus, jūsu ķermenis nespēs nākt pie manis un jūsu domas būs manā apziņā.

 Luego de que la muchacha halla dicho esto hacia Satirycon, este se alejó volando en el aire hacia atras. Cuando cayó, se golpeo la cabeza contra el suelo, esto lo dejó inconsciente.
Eino se puso en guardia, al igual que Fanix. No recordaba que Fanix supiera lanzar hechizos, o fuera un Zvir, pero aun así se preparó para atacar. Las palabras que la muchacha dijo, le resonaban en la cabeza, pero ahora las entendia perfectamente, como si fuera su idioma natal.
-Tu sangre sera incapaz de lanzar hechizos, tu cuerpo sera incapaz de acercarse hacia mi y tus pensamientos serán dados en mi conciencia.-
Eino se enfureció con la muchacha, estaba haciendo hechizos contra ellos, aunque la ayudaron. 
Decidido y preparado para atacar. Levantó ambas manos, clavo los pies en el piso, y se concentró.
Dos aces de luz - Uno de cada mano - salieron volando desde Eino hacia los pies de la muchacha. Los aces se enredaron como sogas en los pies de la muchacha y esta cayó de cara al piso. La chica intento formular otro hechizo pero el dolor en la nariz por la caída lo impidió.
- ¡No queremos hacerte daño! - Grito Eino furioso.
- Nadie les cree eso... liquídenme ahora, no me hagan sufrir. - Dijo la muchacha con un tono tan frio que le dio un escalofrio a Eino.
- ¡Calmate! - Grito Fanix - Nosotros te salvamos de la muerte, te curamos tus daños y vencimos a quien te capturó. -
-Está bien, les creeré. - Dijo mirando hacia abajo.
-¿Como llegué aquí? - Continuó.
- Un hombre llamado Mustar te capturo e intentó asesinarte. Te encontramos toda cortada y lastimada. Luego Mustar nos ataco; y, de alguna manera, lo vencimos. Apareciste con los cortes curados. No sabemos que pasó. -
- Chico, ¿Puedes soltarme? - Dijo a Eino.
- Si, lo siento. A por cierto, me llamo Eino. -
- Gracias. Me llamo Mayr, ¿Y tú eres? - Pregunto a Fanix.
- Fanixyan. Puedes decirme Fanix. ¡Satirycon, la muchacha despertó! - Grito
Satirycon se dio vuelta y sonrió. Estaba tan absorto en sus pensamientos que no había notado la charla. Se acercó para saludarla. Cuando llego hasta donde estaba Mayr, intentó levantarla, poniendo sus dos manos bajo ella. Mayr se comenzó a quemar.. Satirycon se apartó. Intento conjurar un hechizo, pero ya era tarde. La muchacha joven era ceniza.

sábado, 4 de junio de 2011

Capitulo XII: Mustar






La noche había sido muy larga para Haukka, pensando en que haría para salir se allí o que sucedería cuando lo haga.
Se despertó y momentos después le dieron su ración matutina de comida.
La puerta de la mazmorra se despedazo, partiéndose en mil pedazos, de entre el polvo y los escombros emergió una figura oscura…
Era Korup…
-¿Qué haces aquí? – Preguntó Haukka – No tienes nada que hacer en este lugar, no deberías haber venido.-
-Vine para sacarte… tengo que mostrarte algo… - dijo Korup mientras Haukka se ponía de pie.-
-Esta bien, vamos... eres la única herramienta que tengo para salir de aquí…- dijo Haukka mientras se levantaba.

Satirycon, Eino y Fanix preparaban la cena, la muchacha descansaba, todo estaba bien.
Se dispusieron a comer, en unos troncos, haciendo un círculo a un lado de la sublime fogata que ardía cuan sol en verano.
Sorpresivamente un dardo raspo la nariz de Eino, haciendo que esta sangrara. Tuvo la suerte de que no lo golpeo. Eino y Satirycon se dieron vuelta alarmados, en espera de un ataque.
-Āpakē śarīra aba, mērē sabhī ādēśōṁ sabhī paristhitiyōṁ mēṁ pūrā hō jā'ēgā mērā hai.-
Alguien o algo decía eso, sin apenas saber que era lo que ocurría, Fanix se desmayo. Satirycon fue a su recate corriendo, en guardia, preparado para atacar.
Un dardo había sido el culpable del desmayo de Fanix. Al igual que a Eino, le hizo saltar algo de sangre.
-¡Sal de ahí! - Grito Satirycon furioso.
-No necesitas verme para saber donde estoy...- Dijo un hombre con una voz misteriosa.
-¿Quien eres? -
- Soy Musta. -
La tranquilidad con la que Musta hablaba lo ponía nervioso a Satirycon. Eino estaba raro, como si hubiera sido despojado de su alma. Estaba sentado, quieto, con una mirada vacía en sus ojos.
Un dardo llego a la cara de Satirycon. Logro esquivarlo, anticipando el movimiento.
Pudo ver de donde provenía, se preparo y se lanzo al ataque.
Una lluvia de dardos se acercaba a Satirycon, el logro esquivar un par, pero otros tres o cuatro golpearon en su cuerpo. Su mirada se nublo. Cayó al suelo.
Empezó a ver de nuevo, a recuperar la energía otra vez. Era como si alguien le otorgara energía pero sabía que era imposible.
Satirycon volvió a pararse, y logro concertar energía perfectamente bien. Un rayo salio directamente hacia Musta. Satirycon sabia que iba a vencer esta pelea, no iba a lograr escapar de ese ataque.
Un resplandor segó a Satirycon por unos segundos. El rayo no había dado en su punto, sino que había golpeado a Eino, que se había abalanzado sobre Musta para protegerlo.
-¡Eino! ¿Que haces?- Dijo sorprendido Satirycon.
-¡El está bajo mi control estúpido! ¿Acaso no te diste cuenta antes?-
Ahora lo entendía todo... Eino estaba bajo el control de Musta. El estaba usando energía oscura, una tan poderosa que ni siquiera Haukka podía vencer.
No sabia que hacer. Satirycon presto atención a todo. Se concertó minuciosamente en cada detalle, cada partícula de polvo que volaba en el aire.
Se le ocurrió una manera de vencer, pero era demasiado arriesgada. Miro ese rasguño que tenia en la nariz. Ese seria su punto débil. Debía vencerlo sin lastimarlo, o podría morir.
Había otro modo; podía controlar su sangre para que lanzara un hechizo hacia Musta, pero él no sabia controlar bien esos hechizos.
Trato de concertarse, pero no pudo. Le temblaban las manos, demasiado. Intento lograr lanzar un hechizo hacia Musta, de nuevo. Eino salto para volver a defenderlo. Satirycon vio que Eino se atrasaba cada vez que atacaba; pera la pregunta era si podía atacar tantas veces. Eino parecía cansarse, de a poco. Satirycon tenia un talismán, pero estaba muy poco entrenado, su especialidad eran las armas. El talismán podía colapsar en cualquier momento si atacaba varias veces. Aun así, debía hacerlo.
Intento un par de veces más, pero no logro nada. Perdía energía a galones. Iba a desmayarse en cualquier momento. Eino estaba muy lastimado, ya casi no tenía energía. Podía morir en cualquier segundo. Debía atacar una vez más, sin esperar las consecuencias. Su misión estaba clara, debía matar, o al menos debilitar a Musta, porque quería matar a Eino.
Satirycon se concentro, ahora si, con todas sus fuerzas. Un rayo salio de su mano, con toda la energía que pudo...
Lo ultimo que recordó Satirycon fue el resplandor de su rayo, escucho un grito, y vio a Eino cayendo al suelo desmayado.

Satirycon despertaba, se sentía muy calmado, era una sensación tan extraña que realmente deseaba estar así por el resto de la eternidad. Un ruido sordo lo despertó.
No sabia donde estaba, pero el lugar le hacia familiar. Era una ciudad cercana a las montañas, absolutamente destruida.
Satirycon tardo en entender que pasaba. Un dragón gigante estaba volando en el cielo, escupiendo llamas, atacando a toda la gente.
El sonido que lo despertó fue el de cadenas chocando. Grupos enormes de gente lanzaban cadenas hacia el dragón. Trataban de pararlo con casi cualquier cosa.
También resonaba el entrechocar de las espadas. Era una guerra. No entendía como había llegado allí.
Satirycon estaba tirado tras lo que antes debía haber sido una casa, o al menos una carpa. Era como un parapeto, una pequeña pared de piedra donde se cubrían los guerreros.
Estaba agachado, cuidando su espalda.
- ¿Como rayos había llegado allí? - Se preguntaba Satirycon.
No tenia ni idea de que había pasado antes ni cuanto tiempo había estado desmallado. Debía mirar para descubrir que sucedía.

Debía sacar la cabeza para ver, pero era muy arriesgado. Podía morir. Al igual que Eino, o lo por lo que el vio… prefería no pensar en eso. Aunque el estaba muy triste. Tal vez Eino estaba herido, pero aun estaba vivo. Debía correr, arriesgarse a salir, y encontrar a Eino para curarlo, o iba a morir.
Satirycon saco la cabeza. Pudo ver que una terrible guerra se estaba librando. Muchísimos guerreros luchaban en el campo. Flechas volaban de bando a bando y cuerpos inertes caían sin vida al suelo. El derrame de sangre de esta guerra era enorme; tanta gente estaba muriendo, mas de la que podía haber en todo Mir.
Intento correr a través del campo de batalla. Intento utilizar magia para atravesarlo sin ningún daño, pero no podía canalizar su sangre.
Debía tratar de correr a través del campo de batalla salvándose y esquivando las flechas y espadas.
Satirycon se paro. Se preparo para correr y se lanzo a la carrera.
Corría como loco, como si el mundo se fuera a acabar. Las flechas volaban sobre su cabeza. Una de ellas, lanzada por un muchacho joven de aspecto fuerte, iba directo hacia el. La flecha seguramente fue apuntada originalmente hacia el dragón, pero ahora le iba a golpear la cabeza a Satirycon.
El trato de moverse, pero el miedo se lo impidió.
No podía moverse, la flecha iba directo hacia el, era el fin. El tiempo se ralentizo, veía cada detalle de la guerra, pero se concentro en la flecha. Logro mover un brazo, como para cubrirse.
Cerró los ojos, preparado para el intenso dolor de la flecha de punta de metal.
O el tiempo pasaba tan lento, o no sentía nada. Hacia como quince segundos que esperaba la flecha.
Abrió los ojos, y miro hacia el muchacho. Había disparado la flecha, esta había dado con el dragón. ¡La flecha había atravesado a Satirycon!
Ahora Satirycon entendía todo… estaba muerto. Ya podía descansar en paz…

domingo, 1 de mayo de 2011

Capitulo XI: Reencuentro y perdida

La mesa estaba repleta de comida, había grandes cerdos enteros con manzanas en la boca, jamones glaseados, ensaladas de colores inimaginables, los platos, de plata, coronados con gemas en los extremos. ¡Tenían casi doce cubiertos por persona!



Eino preocupado por quedar bien casi derrama vino sobre el Rey, este respondió con una sonrisa a su descuidada acción. Todos comieron callados, hasta que el Rey dijo...
Mañana partirán hacia el volcán…
- Saldremos al amanecer – dijo Satirycon.
- Pero… - dijo Eino
- Pero, nada, anda a cambiarte y prepara tu mochila para el viaje… -
Eino confundido por la actitud de Satirycon se quedo escuchando tras la puerta las conversaciones de “los adultos”. Fue a dormir temprano, al despertar partirían hacia el volcán.
- Levántate - susurró Satirycon
- ¿Que? – Respondió Eino exaltado
- Vamos a buscar a Haukka - dijo – No te lo mencione antes por que no quería que el Kuningas de enterara. En fin, iremos a buscarlo al calabozo, nos las ingeniaremos para sacarlo. –
Llegaron a los calabozos, estaban vestidos con capas que cubrían sus rostros, Satirycon dejo a los Jotuns inconscientes con un hechizo, destruyó el candado con su hacha…
- ¿Que hacen aquí? - se escuchó una vos.
- ¿Haukka? – Dijo Eino sorprendido – hemos venido a buscarte, tenemos que ir al volcán a buscar…. –
- Eino… se lo contaremos después, ahora no tenemos tiempo, tenemos que irnos ya de aquí –
- Bien, iremos, pero ella va con nosotros – dijo señalando a Fanixyan
- ¡Esta bien, pero vámonos ya! – dijo exaltado Satirycon
Haukka se puso su mochila y se dirigió hacia la el puerta…
- ¿No vienes? – dijo bajo el umbral, dirigiéndose a Fanixyan
- Si – dijo con cara de preocupación y mirando la jaula del dragón, sabía que no lo volvería a ver.
- No te preocupes por el, estará bien, confía en mí – trato de consolarla Hau
Fanixyan asintió y se dirigió hacia él.Salieron del castillo por un ducto cercano a las celdas. Salieron a un sendero, Haukka iba adelante, lo seguía Eino luego Fanixyan y por último Satirycon.Se dirigieron hacia un bosque, no parecía muy agradable, había animales que irreconocibles para Eino, ya que era la primera vez que los veía.Todos siguieron a Haukka, parecía ser el que inspiraba más confianza, todos estaban atentos a alguna alteración en la tranquilidad de bosque.
Caminaron unas dos horas, sin haber alteración en el bosque. Un par de veces se asustaron, bastante, por conejos o liebres que corrían asustadas.
Siguieron caminando
Haukka parò. Eino, estaba tan distraído que se choco con el. Cuando miro a su alrededor se dio cuenta de que había estado aquí antes. Pudo reconocer una mancha de sangre seca en el piso.- ¿De quien será esto? – pensó bastante asustado. Recorrió la vista por el lugar.
- Esperen – Dijo Eino. – ¡Aquí fue donde luchamos con Korup! ¡Agáchense! – Grito desconsolado saltando hacia un pequeño arbusto, que servia como refugio.
- Cálmate Eino- Dijo Haukka con una voz neutra. – Los traje aquí por otras razones. Ayer, cuando estaba en la mazmorra del castillo, Fanixyan me dijo algo, que no necesitan saber. Pero cuando me dijo eso, tuve una visión de mi pasado. Yo no se quien rayos es mi madre ni mi padre, pero quiero descubrirlo.


Luego de que Haukka les contó su visión. Buscaron en sus alrededores algún objeto o algo que los llevara a reconocer a su madre o su padre.
Eino busco entre los arbustos, pero no había nada. Pensó que seria imposible encontrar algo, ya que, según su historia, el niño al que vio tenía solo cinco o seis años.
Haukka hizo una seña de que vinieran.
Eino, Satirycon y Fanixyan corrieron hacia el. Había unas ropas, que aparentaban ser muy viejas. Estaban rasgadas. Parecían trapos viejos, las ropas estaban muy sucias y rotas. Haukka reconoció que esa era la ropa que la mujer que lo dejo usaba.
Levanto las ropas. Se asusto mucho. Estaban rasgadas por la mitad. No se le ocurría que pudo haber sido lo que le ocurrió para que quedaran así . Había sido atacada, esa mujer había sido atacada. Lo extraño es que no había manchas de sangre. Eso lo tranquilizo un poco a Haukka, pero seguía un poco asustado.
Haukka guardo los harapos en un bolso pequeño en el que llevaba un par de cosas mas como armas y otras cosas. Miró a todos. No sabia que decirles. No sabia que hacer ahora.
- ¿Qué haré ahora? – Le pregunto Haukka a Fanixyan.
- Tú lo sabes; debes encontrar a tu padre. – Dijo Fénix.
Haukka no sabia que pensar. Su padre era el Kuningas, o al menos así parecía. El no recordaba nada de lo que le ocurrió en la infancia.
- Debo ir a ver a mi padre. Solo yo puedo ir a buscarlo. Por favor no me sigan. – Dijo Haukka a todos.
- Espera Haukka – Dijo Satirycon.
- No puedo esperar, espero que lo entiendas.- Dijo Haukka dándole una sonrisa.
Haukka dio media vuelta y salia corriendo.
- ¡Haukka! ¡Espera…! – Dijo Eino confundido.


Haukka corría a toda velocidad. Debía llegar lo más rápido posible. No podía aguantar el peso de tener tantas dudas.
Escuchó algo. Miro hacia los costados, pero no vio nada. – Seguro es un conejo – Pensó Haukka.
Un haz de luz llego hacia sus pies. Logro frenar a tiempo como para no caerse y romperse la boca. La luz agarraba sus pies con una fuerza increíble.
- ¡Maldición Korup! ¡No quiero atacarte! ¡Libérame y no vamos a luchar! – Dijo Haukka con una voz increíblemente fuerte y con mucho odio.
- Cálmate. No quiero pelear yo tampoco. – Dijo Korup, con una increíble calma. Salio de atrás de un árbol.
- ¡¿Entonces que quieres de mi?! – Volvió a gritar Haukka mientras lo miraba con odio.
- Solo quiero contarte la verdad. Ven conmigo. Aprenderás todos los hechizos que quieras. Sabrás quien es tu padre y tu madre. Conocerás todos los secretos de un Zvir. – Korup lo miro a Haukka con una mirada penetrante.
- Tu oferta es tentadora, pero debo ir a buscar la verdad sobre mi vida. Déjame salir. –
- Este bien. Te dejare. Recuerda que la oferta esta vigente. – Dijo Korup mientras los haces de luz escapaban de sus pies.
- Adiós – Se despidió Haukka.
Salio corriendo a toda velocidad. No podía tener más problemas. Debía llegar lo antes posibles.


Eino, Satirycon y Fanixyan estaban sentados en un tronco. No había una palabra en el aire. Satirycon decidió romper el hielo.
- Deberíamos ir al volcán – Dijo.
- ¿Al volcán? ¿Para que? No estarán hablando del volcán de los talismanes ¿No? – Con una sola mirada Fanixyan dedujo la respuesta.
- Debemos ir a buscar un talismán para el Kuningas.
- Entonces, Fanix, ¿tu que Haras? – Dijo Eino mirándola.
- Ah, que problema. – Lo pensó unos segundos - Si, iré – Continuo segura.
- Está bien. El Kuningas no nos explico que es lo que debemos hacer, pero según creo será fácil llegar. – Dijo Satirycon.
- No te confíes. Esa cueva fue creada para que muy pocas personas entren y salgan con vida, y un talismán en sus manos. No creo que les cueste mucho, ya que ambos absorbieron talismanes; pero deberán cuidar sus espaldas. Yo estaré bien, no se preocupen. Aunque no sea Zvir, puedo cuidarme sola. – Concluyo Fanix.
- ¿Pero…? ¿Cómo sabes que absorbimos…?
- Vamos Eino. Luego nos lo explicara… - Lo interrumpió Satirycon.
- ¿Qué esperan? – Dijo Fanix mientras caminaba hacia el volcán.
Caminaron un buen rato, o al menos eso pareció. Entraron en un espeso bosque. Era bastante grande. Un arroyo los guiaba hacia el volcán. Lo seguían bordeándolo. Cuando se acercaron para cargar agua, algo muy extraño ocurrió.
- Vamos a tomar agua al arroyo – Dijo Eino
- Está bien. Carguen sus cantimploras porque este es el último arroyo que cruzaremos en el camino. – Le respondió Satirycon.
Se acercaron al río, rápidamente. Eino saco las cantimploras, las cargo y bebió un poco de agua de ellas.
- ¡Puajjj! ¡Que asco! – Dijo Eino escupiendo toda el agua.
- ¿Qué pasa Eino? – Le pregunto Fanix.
- No lo se, esta agua tiene un gusto asqueroso. – Miro la botella, estaba roja por dentro. - ¡Es sangre! ¡Alguien ha sido asesinado y lanzado al río! – Grito.
- Vengan, síganme. – Dijo Satirycon mientras corría a buscar el rastro de sangre.
Un cuerpo se encontraba tirado a un lado del río. Parecía sin vida, o al menos eso creía Eino. Corrieron a socorrer. Satirycon dio vuelta el cuerpo. Era una mujer. Parecía deformada. No entendía que rayos pudo haberle pasado. La levantaron del suelo entre todos. La colocaron a un lado de las mochilas. Fanix le tomo el pulso. ¡Seguía viva!
- Apúrense chicos, fue atacada hace muy poco tiempo. No entiendo como no la vimos. ¡Denla vuelta! Le coseré la herida que tiene en la espalda. – Tenia una abertura de aproximadamente treinta centímetros en la espalda. Necesitaba ayuda. Rápido.
Fanix tomó una aguja, la esterilizo, enebro el hilo y comenzó a coser.
En un par de minutos la mitad de la herida estaba mucho mejor que antes. Satirycon y Eino  trataban de calmar a la mujer. Estaba teniendo convulsiones. Lograron calmarla. La herida estaba curada. Todos se quedaron calmados, con alivio en sus corazones.
- Ahora, Eino, debes curar la herida completamente. Creo que sabes que debes hacer. ¿No es así? – Le pregunto Satirycon.
- Perfecto. Déjamelo a mí. – Dijo confiado.
Eino se concentro. Cada vez era más fácil concentrar un hechizo. Solo debía canalizar la sangre. El talismán lo había ayudado demasiado. Libero la energía. La herida se curo casi automáticamente. Todos se quedaron tranquilos.
La mujer comenzó a reincorporarse.
- Cálmate, debes descansar. Luego nos cuentas lo que ocurrió. – Dijo Satirycon con una voz increíblemente tranquilizadora.
La mujer se durmió en sus piernas.
- Debemos pasar la noche aquí. No podemos dejarla sola. Preparen sus cosas y busquen un refugio. Avísenme si encuentran una cueva o algo. Vayan. – Continuo Satirycon.
- Adiós – Se despido Eino
- Chau – Saludo Fanix.


Haukka había llegado al castillo.
- Permiso – Dijo a un Jotun que protegía el castillo.
- No puedes entrar aquí sin permiso. – Dijo el Jotun
- Esta bien… - Dijo mientras un haz de luz de su mano le llegaba al Jotun justo en la cabeza. – Que duermas bien… - Dijo mientras reía.
Entro en el castillo. Había un gran pasillo con una gran alfombra roja que llegaba desde la entrada hasta la puerta. Lámparas iluminaban desde el techo a todo el pasillo. Un par de escudos estaban colgados a los lados. Este pasillo tenia apariencia moderna, pero los escudos le daban ese toque rustico. Cuando cruzo la puerta, el Kuningas lo esperaba sentado en una silla, solo, en el gran salón donde habían comido Eino y Satirycon.
- Te he estado esperando. – Dijo el Rey.
- Quiero que me digas la verdad sobre mí, ahora. –
- Cálmate, hijo Mio. – Un rayo le salio de la mano al Kuningas. Este envolvió la cabeza de Haukka. Haukka quedo noqueado.
- Ma… ma… maldito traidor. – Dijo Haukka cuando recuperaba la conciencia.
Haukka miro a sus alrededores. No había nadie. Era la misma mazmorra donde había sido dejado la noche anterior. No sabia que hacer. Estaba solo. Era la segunda vez que cometía el mismo error. La otra noche le habían atacado de atrás y lo habían raptado. Ahora todo le quedaba claro… Kuningas no le quería. Era su padre , el cual lo había desterrado de Mir para siempre . Debía vencerlo, debía conseguir su respeto. No sabía que había pasado con los chicos. Eino, Satirycon y Fanix estaban solos. Estaban yendo al volcán de los talismanes. Era muy peligroso ir allí. No entendía porque los mando a Satirycon y a Eino. Estaba muy cansado para tantos pensamientos. Debía descansar… dormir…

lunes, 25 de abril de 2011

Capitulo X: Kuningas




Caminábamos como si nada. Nadie nos veía, pero era muy extraño. Me sentía raro. Era como si nadie se enterara de nada, como en las películas en las que apareces solo, como un fantasma. Ves todo, pero nadie se entera de nada. Sentía como si en cualquier momento nos descubrieran y nos apresaran. Estábamos llegando a la tubería, que igualmente estaba custodiada por Jotuns.
No vi a Haukka ni a Satirycon, ya que eran invisibles. Caminaba tranquilo. Sentía algo raro en mi brazo. Pare. Me había chocado con un Jotun. El me miro, como si viera un objeto, no una persona. Me agache suavemente, para que no me escuchara. Estiro la mano justo arriba de mí. Cerró la mano en gesto de agarrar algo. Al ver que no había nada, siguió caminando.
-¡Que suerte tenia!- Pensé.
Seguí caminando, esta vez con más cuidado. Llegue a la entrada de la tubería. Era un caño de cómo dos metros de altura y dos metros de ancho. El piso tenia agua encharcada en el fondo. En las paredes había algo color verde, pegajoso a tacto, supuse que era moho. Escuche un sonido a lo lejos. Sonaba como una canilla abierta que goteaba de a poco. El sonido se acercaba. Lentamente, pero lo hacía. Me di cuenta de que no venía de adentro del castillo, sino que venía de la entrada. Me di vuelta lentamente para no hacer ruido. Me prepare para defenderme. Debía prepararme para atacar. El ruido de agua venia de las pisadas, las pisadas de alguien…
Seguía quieto, esperando. El sonido llegaba a donde estaba yo. Me prepare para atacar. No veía a Nadia ni a nada. Sorpresivamente, alguien apareció de la nada. Era Satirycon. Me enoje con él y con Haukka. Era la segunda vez que me hicieron lo mismo. Tal vez yo sea asustadizo, pero ellos no se preocupaban por ello.
Aparecí. El me miro y vino hacia mí.
-Shh.-Me cayó- No digas nada. Vamos a esperar a Haukka.
Esperamos horas y horas, es cierto que cuando este sentado en la oscuridad sin hablar el tiempo pasa más lento; pero esto fue insoportable. Estaba preocupado por Haukka, aunque sabía que podía defenderse solo.
-Vamos.- dijo Satirycon con un tono triste.- No podemos seguir esperando más. Haukka va a estar bien- Me hizo una seña para que lo siguiera.
Seguimos hacia el final de la cañería. Tardamos como media hora. Llegamos a una especie de rejilla, que llevaba a una habitación grande.
Tratamos de abrirla, pero no pudimos. Satirycon pidió que me alejara. Un haz de luz salió de sus manos y la rejilla se levantó volando. Parecía que el metal se derretía de a poco.
Satirycon bajo la rejilla. Me hizo una seña de que me agachara. Él se hizo invisible, yo lo seguí. Me agarro del brazo, y bajamos juntos. La habitación era inmensa, parecía tan grande como el patio de mi colegio. En el fondo había un escritorio enorme, totalmente vacío. Una silla de metal con adornos en cuero estaba al lado del escritorio. En el centro había un símbolo enorme, al que no le preste mucha atención. Solo estaba el escritorio y la silla. No entendí que era esta habitación hasta que el Kuningas entro.
-Satirycon, ya puedes aparecer. Creo que traes compañía…- Dijo el Kuningas. Me sorprendí al saber los inmensos poderes que la tenia.


-¿Qué? ¿Dónde estoy…?-Dijo Haukka con un tono perdido. Estaba tirado en un lugar oscuro, no sabía bien que era.
-Cállate.- Dijo un hombre un tanto extraño.
Cuando le presto más atención cayó en la cuenta de que era un Jotun.
-¿Dónde estoy?-
-Estas en el sótano del castillo. Te atrapamos tratando de colarte aquí. Estarás aquí un rato hasta que te identifiquemos. Puedes hacerla fácil o difícil. Primero, dinos tu nombre- El Jotun lo dijo con un tono amenazante.
-Soy… soy Kkahau, vengo de unas tierras lejanas, solo vine para conocer el lugar y al no dejarme entrar quise escabullirme para venir a aquí.- Haukka uso un tono de inocente, mientras usaba un nombre falso.
-Bueno… si es así, entonces… de todos modos debes esperar aquí. No podemos arriesgarnos.- Dijo el Jotun.
-Si, por favor espéranos aquí y volveremos en un rato. Debemos avisarle al Kuningas- Dijo otro Jotun mientras se iban.
Haukka miro a su alrededor. Era un lugar muy grande, donde había calabozos. Tuvo suerte de que no lo enjaularan a él también. Un calabozo fue el que le llamo más la atención. En su interior se encontraba un árbol, enorme, como de cuatro metros de alto. Una lagartija, o al menos eso parecía, rasgaba la corteza.
-Veo que tienes ojo para las criaturas extrañas- dijo una mujer a la que no pudo reconocer Haukka. Cuando miro con más atención se dio cuenta de que estaba en la celda de al lado.- Eso es un Niohogrr, un dragón pequeño.-
-¿En serio? Parece una lagartija… ¿De dónde salió?- Miro al extraño hombre.
-Es el dragón de una profecía. Los Zvirs lo crearon cuando estaban desapareciendo. Decidieron crear un dragón, para asesinar cualquier persona que aparezca. No sé qué es lo que ocurrió, pero parece que el hechizo salió mal.- Dijo la mujer.
-La profecía – Continuo- Nadie la sabe, o al menos yo no sé…
-¿Cómo te llamas?-La cortó Haukka.
-Mi nombre es Fanixyan, pero no te preocupes por él. Puedes llamarme Fanix si quieres.-
-¿Cómo llegaste aquí?-
-Bueno, es una larga historia, básicamente el Kuningas me trajo aquí porque así lo quiso…- Fanixyan miro a Haukka con cara de tristeza.- Sé que no te sacaran de aquí Haukka…
-Espera… como sabes mi nombre…- Dijo Haukka mientras se alejaba de ella.
-Sé que tú eres el hijo desterrado de Kuningas, se todo sobre ti…- Parecía que sus ojos iban a estallar.
-No, debes estar confundiéndome con otra persona.- Dijo mientras se alejaba. Estaba confundido, asustado y enojado. Haukka estaba realmente perdido. No podía comprender que fue lo que lo que ocurrió, pero una imagen llego a su mente. Era como un recuerdo espontaneo, una imagen que apareció en su mente repentinamente.


Un niño estaba acostado en una cama. Tenía los ojos azules y el pelo negro. Parecía de cinco o seis años. Era una habitación no muy grande, había una cama en el centro, donde dormía el niño. Haukka se sentía como si estuviera en otros ojos, se sentía como en otra persona. Estaba tan concentrado que no vio a la mujer que había entrado. Era hermosa, pero parecía furiosa. Venia arropada con ropas viejas y sucias. Había un tajo en su espalda que llegaba desde la cintura hasta el cuello. La señora levanto al niño y la cargo al hombro como una bolsa. El niño parecía muerto, o al menos estaba inconsciente.
La extraña mujer camino un buen rato por el bosque hasta que llego a un claro. Haukka lo reconoció de inmediato, ese era el lugar donde se habían quedado a empezar a entrenar, cuando Korup los había atacado por primera vez.
El niño hizo un movimiento, fue como un manotazo como para alejar a una mosca. La mujer se asustó, pero se calmó al ver que un hombre llegaba. Era un señor raro, que no llego a reconocer. La mujer dijo algo incomprensible, pero al parecer el hombre la comprendió.
Este se concentró, con si fuera a lanzar un hechizo. Y así fue, haces de luz salieron de sus dedos y apuntaron hacia el niño. Haukka no podía ver eso, debía impedirlo. Se lanzó hacia el chico para impedir que los haces de luz lo toquen. Cerró los ojos.
No sintió nada.
Cuando abrió los ojos se dio cuenta de que era invisible. No había evitado nada. El niño estaba atrás de él, muerto o noqueado. Quiso abrazarlo para protegerlo. Acerco sus brazos para abrazarlo pero fue en vano. Cuando fue a tocarlo se dio cuenta de que volvió al mundo real.
No había caído en la cuenta. ¡Ese niño era Haukka!


-Esa es mi historia- Dijo Eino orgulloso.
-Perfecto Eino. Disculpa que no te hayan dejado entrar al castillo antes.- El Kuningas hizo una reverencia y miro a Satirycon.-Bueno, ya que no saben porque el traje aquí les explicare lo que traigo entre manos. Como ya saben, me he estado comportando extraño últimamente. Bueno. Lo que ocurrió es lo siguiente: hace un tiempo estuve luchando contra Kurop. Me he debilitado tanto que debo absorber otro talismán o moriré muy pronto. Hay un volcán, cerca de aquí. Ahí es donde hizo el hechizo. Todas las piedras de ese volcán son talismanes. Las piedras se han utilizado tanto que deben quedar unas ocho piedras. Pero para que no las atrapara cualquier persona las lleve al centro de la cueva. Cada vez que una de esas piedras en absorbida, se abre el camino para absorber otra.
-Bien, lo haremos.- Dijo Satirycon honorablemente.
- No se olviden de que si sostienen la piedra con las manos, la absorben. Y si se absorben más de cinco piedras, bueno… mueres…
-No se preocupe, nos cuidaremos de eso.- Le respondió Satirycon.
- Bueno, eso dejémoslo para mañana. Hay que festejar que se salvaron. Vamos a hacer el banquete.- Señalo el Kuningas hacia la puerta de su habitación.