La noche había sido muy larga para Haukka, pensando en que haría para salir se allí o que sucedería cuando lo haga.
Se despertó y momentos después le dieron su ración matutina de comida.
La puerta de la mazmorra se despedazo, partiéndose en mil pedazos, de entre el polvo y los escombros emergió una figura oscura…
Era Korup…
-¿Qué haces aquí? – Preguntó Haukka – No tienes nada que hacer en este lugar, no deberías haber venido.-
-Vine para sacarte… tengo que mostrarte algo… - dijo Korup mientras Haukka se ponía de pie.-
-Esta bien, vamos... eres la única herramienta que tengo para salir de aquí…- dijo Haukka mientras se levantaba.
Se despertó y momentos después le dieron su ración matutina de comida.
La puerta de la mazmorra se despedazo, partiéndose en mil pedazos, de entre el polvo y los escombros emergió una figura oscura…
Era Korup…
-¿Qué haces aquí? – Preguntó Haukka – No tienes nada que hacer en este lugar, no deberías haber venido.-
-Vine para sacarte… tengo que mostrarte algo… - dijo Korup mientras Haukka se ponía de pie.-
-Esta bien, vamos... eres la única herramienta que tengo para salir de aquí…- dijo Haukka mientras se levantaba.
Satirycon, Eino y Fanix preparaban la cena, la muchacha descansaba, todo estaba bien.
Se dispusieron a comer, en unos troncos, haciendo un círculo a un lado de la sublime fogata que ardía cuan sol en verano.
Sorpresivamente un dardo raspo la nariz de Eino, haciendo que esta sangrara. Tuvo la suerte de que no lo golpeo. Eino y Satirycon se dieron vuelta alarmados, en espera de un ataque.
-Āpakē śarīra aba, mērē sabhī ādēśōṁ sabhī paristhitiyōṁ mēṁ pūrā hō jā'ēgā mērā hai.-
Alguien o algo decía eso, sin apenas saber que era lo que ocurría, Fanix se desmayo. Satirycon fue a su recate corriendo, en guardia, preparado para atacar.Un dardo había sido el culpable del desmayo de Fanix. Al igual que a Eino, le hizo saltar algo de sangre.
-¡Sal de ahí! - Grito Satirycon furioso.
-No necesitas verme para saber donde estoy...- Dijo un hombre con una voz misteriosa.
-¿Quien eres? -
- Soy Musta. -
La tranquilidad con la que Musta hablaba lo ponía nervioso a Satirycon. Eino estaba raro, como si hubiera sido despojado de su alma. Estaba sentado, quieto, con una mirada vacía en sus ojos.
Un dardo llego a la cara de Satirycon. Logro esquivarlo, anticipando el movimiento.
Pudo ver de donde provenía, se preparo y se lanzo al ataque.
Una lluvia de dardos se acercaba a Satirycon, el logro esquivar un par, pero otros tres o cuatro golpearon en su cuerpo. Su mirada se nublo. Cayó al suelo.
Empezó a ver de nuevo, a recuperar la energía otra vez. Era como si alguien le otorgara energía pero sabía que era imposible.
Satirycon volvió a pararse, y logro concertar energía perfectamente bien. Un rayo salio directamente hacia Musta. Satirycon sabia que iba a vencer esta pelea, no iba a lograr escapar de ese ataque.
Un resplandor segó a Satirycon por unos segundos. El rayo no había dado en su punto, sino que había golpeado a Eino, que se había abalanzado sobre Musta para protegerlo.
-¡Eino! ¿Que haces?- Dijo sorprendido Satirycon.
-¡El está bajo mi control estúpido! ¿Acaso no te diste cuenta antes?-
Ahora lo entendía todo... Eino estaba bajo el control de Musta. El estaba usando energía oscura, una tan poderosa que ni siquiera Haukka podía vencer.
No sabia que hacer. Satirycon presto atención a todo. Se concertó minuciosamente en cada detalle, cada partícula de polvo que volaba en el aire.
Se le ocurrió una manera de vencer, pero era demasiado arriesgada. Miro ese rasguño que tenia en la nariz. Ese seria su punto débil. Debía vencerlo sin lastimarlo, o podría morir.
Había otro modo; podía controlar su sangre para que lanzara un hechizo hacia Musta, pero él no sabia controlar bien esos hechizos.
Trato de concertarse, pero no pudo. Le temblaban las manos, demasiado. Intento lograr lanzar un hechizo hacia Musta, de nuevo. Eino salto para volver a defenderlo. Satirycon vio que Eino se atrasaba cada vez que atacaba; pera la pregunta era si podía atacar tantas veces. Eino parecía cansarse, de a poco. Satirycon tenia un talismán, pero estaba muy poco entrenado, su especialidad eran las armas. El talismán podía colapsar en cualquier momento si atacaba varias veces. Aun así, debía hacerlo.
Intento un par de veces más, pero no logro nada. Perdía energía a galones. Iba a desmayarse en cualquier momento. Eino estaba muy lastimado, ya casi no tenía energía. Podía morir en cualquier segundo. Debía atacar una vez más, sin esperar las consecuencias. Su misión estaba clara, debía matar, o al menos debilitar a Musta, porque quería matar a Eino.
Satirycon se concentro, ahora si, con todas sus fuerzas. Un rayo salio de su mano, con toda la energía que pudo...
Lo ultimo que recordó Satirycon fue el resplandor de su rayo, escucho un grito, y vio a Eino cayendo al suelo desmayado.
Satirycon despertaba, se sentía muy calmado, era una sensación tan extraña que realmente deseaba estar así por el resto de la eternidad. Un ruido sordo lo despertó.
No sabia donde estaba, pero el lugar le hacia familiar. Era una ciudad cercana a las montañas, absolutamente destruida.
Satirycon tardo en entender que pasaba. Un dragón gigante estaba volando en el cielo, escupiendo llamas, atacando a toda la gente.
El sonido que lo despertó fue el de cadenas chocando. Grupos enormes de gente lanzaban cadenas hacia el dragón. Trataban de pararlo con casi cualquier cosa.
También resonaba el entrechocar de las espadas. Era una guerra. No entendía como había llegado allí.
Satirycon estaba tirado tras lo que antes debía haber sido una casa, o al menos una carpa. Era como un parapeto, una pequeña pared de piedra donde se cubrían los guerreros.
Estaba agachado, cuidando su espalda.
- ¿Como rayos había llegado allí? - Se preguntaba Satirycon.
No tenia ni idea de que había pasado antes ni cuanto tiempo había estado desmallado. Debía mirar para descubrir que sucedía.
Debía sacar la cabeza para ver, pero era muy arriesgado. Podía morir. Al igual que Eino, o lo por lo que el vio… prefería no pensar en eso. Aunque el estaba muy triste. Tal vez Eino estaba herido, pero aun estaba vivo. Debía correr, arriesgarse a salir, y encontrar a Eino para curarlo, o iba a morir.
Satirycon saco la cabeza. Pudo ver que una terrible guerra se estaba librando. Muchísimos guerreros luchaban en el campo. Flechas volaban de bando a bando y cuerpos inertes caían sin vida al suelo. El derrame de sangre de esta guerra era enorme; tanta gente estaba muriendo, mas de la que podía haber en todo Mir.
Intento correr a través del campo de batalla. Intento utilizar magia para atravesarlo sin ningún daño, pero no podía canalizar su sangre.
Debía tratar de correr a través del campo de batalla salvándose y esquivando las flechas y espadas.
Satirycon se paro. Se preparo para correr y se lanzo a la carrera.
Corría como loco, como si el mundo se fuera a acabar. Las flechas volaban sobre su cabeza. Una de ellas, lanzada por un muchacho joven de aspecto fuerte, iba directo hacia el. La flecha seguramente fue apuntada originalmente hacia el dragón, pero ahora le iba a golpear la cabeza a Satirycon.
El trato de moverse, pero el miedo se lo impidió.
No podía moverse, la flecha iba directo hacia el, era el fin. El tiempo se ralentizo, veía cada detalle de la guerra, pero se concentro en la flecha. Logro mover un brazo, como para cubrirse.
Cerró los ojos, preparado para el intenso dolor de la flecha de punta de metal.
O el tiempo pasaba tan lento, o no sentía nada. Hacia como quince segundos que esperaba la flecha.
Abrió los ojos, y miro hacia el muchacho. Había disparado la flecha, esta había dado con el dragón. ¡La flecha había atravesado a Satirycon!
Ahora Satirycon entendía todo… estaba muerto. Ya podía descansar en paz…
esta muerto? Wooow...
ResponderEliminarxD "ya podia descansar en paz"