Caminábamos como si nada. Nadie nos veía, pero era muy extraño. Me sentía raro. Era como si nadie se enterara de nada, como en las películas en las que apareces solo, como un fantasma. Ves todo, pero nadie se entera de nada. Sentía como si en cualquier momento nos descubrieran y nos apresaran. Estábamos llegando a la tubería, que igualmente estaba custodiada por Jotuns.
No vi a Haukka ni a Satirycon, ya que eran invisibles. Caminaba tranquilo. Sentía algo raro en mi brazo. Pare. Me había chocado con un Jotun. El me miro, como si viera un objeto, no una persona. Me agache suavemente, para que no me escuchara. Estiro la mano justo arriba de mí. Cerró la mano en gesto de agarrar algo. Al ver que no había nada, siguió caminando.
-¡Que suerte tenia!- Pensé.
Seguí caminando, esta vez con más cuidado. Llegue a la entrada de la tubería. Era un caño de cómo dos metros de altura y dos metros de ancho. El piso tenia agua encharcada en el fondo. En las paredes había algo color verde, pegajoso a tacto, supuse que era moho. Escuche un sonido a lo lejos. Sonaba como una canilla abierta que goteaba de a poco. El sonido se acercaba. Lentamente, pero lo hacía. Me di cuenta de que no venía de adentro del castillo, sino que venía de la entrada. Me di vuelta lentamente para no hacer ruido. Me prepare para defenderme. Debía prepararme para atacar. El ruido de agua venia de las pisadas, las pisadas de alguien…
Seguía quieto, esperando. El sonido llegaba a donde estaba yo. Me prepare para atacar. No veía a Nadia ni a nada. Sorpresivamente, alguien apareció de la nada. Era Satirycon. Me enoje con él y con Haukka. Era la segunda vez que me hicieron lo mismo. Tal vez yo sea asustadizo, pero ellos no se preocupaban por ello.
Aparecí. El me miro y vino hacia mí.
-Shh.-Me cayó- No digas nada. Vamos a esperar a Haukka.
Esperamos horas y horas, es cierto que cuando este sentado en la oscuridad sin hablar el tiempo pasa más lento; pero esto fue insoportable. Estaba preocupado por Haukka, aunque sabía que podía defenderse solo.
-Vamos.- dijo Satirycon con un tono triste.- No podemos seguir esperando más. Haukka va a estar bien- Me hizo una seña para que lo siguiera.
Seguimos hacia el final de la cañería. Tardamos como media hora. Llegamos a una especie de rejilla, que llevaba a una habitación grande.
Tratamos de abrirla, pero no pudimos. Satirycon pidió que me alejara. Un haz de luz salió de sus manos y la rejilla se levantó volando. Parecía que el metal se derretía de a poco.
Satirycon bajo la rejilla. Me hizo una seña de que me agachara. Él se hizo invisible, yo lo seguí. Me agarro del brazo, y bajamos juntos. La habitación era inmensa, parecía tan grande como el patio de mi colegio. En el fondo había un escritorio enorme, totalmente vacío. Una silla de metal con adornos en cuero estaba al lado del escritorio. En el centro había un símbolo enorme, al que no le preste mucha atención. Solo estaba el escritorio y la silla. No entendí que era esta habitación hasta que el Kuningas entro.
-Satirycon, ya puedes aparecer. Creo que traes compañía…- Dijo el Kuningas. Me sorprendí al saber los inmensos poderes que la tenia.
-¿Qué? ¿Dónde estoy…?-Dijo Haukka con un tono perdido. Estaba tirado en un lugar oscuro, no sabía bien que era.
-Cállate.- Dijo un hombre un tanto extraño.
Cuando le presto más atención cayó en la cuenta de que era un Jotun.
-¿Dónde estoy?-
-Estas en el sótano del castillo. Te atrapamos tratando de colarte aquí. Estarás aquí un rato hasta que te identifiquemos. Puedes hacerla fácil o difícil. Primero, dinos tu nombre- El Jotun lo dijo con un tono amenazante.
-Soy… soy Kkahau, vengo de unas tierras lejanas, solo vine para conocer el lugar y al no dejarme entrar quise escabullirme para venir a aquí.- Haukka uso un tono de inocente, mientras usaba un nombre falso.
-Bueno… si es así, entonces… de todos modos debes esperar aquí. No podemos arriesgarnos.- Dijo el Jotun.
-Si, por favor espéranos aquí y volveremos en un rato. Debemos avisarle al Kuningas- Dijo otro Jotun mientras se iban.
Haukka miro a su alrededor. Era un lugar muy grande, donde había calabozos. Tuvo suerte de que no lo enjaularan a él también. Un calabozo fue el que le llamo más la atención. En su interior se encontraba un árbol, enorme, como de cuatro metros de alto. Una lagartija, o al menos eso parecía, rasgaba la corteza.
-Veo que tienes ojo para las criaturas extrañas- dijo una mujer a la que no pudo reconocer Haukka. Cuando miro con más atención se dio cuenta de que estaba en la celda de al lado.- Eso es un Niohogrr, un dragón pequeño.-
-¿En serio? Parece una lagartija… ¿De dónde salió?- Miro al extraño hombre.
-Es el dragón de una profecía. Los Zvirs lo crearon cuando estaban desapareciendo. Decidieron crear un dragón, para asesinar cualquier persona que aparezca. No sé qué es lo que ocurrió, pero parece que el hechizo salió mal.- Dijo la mujer.
-La profecía – Continuo- Nadie la sabe, o al menos yo no sé…
-¿Cómo te llamas?-La cortó Haukka.
-Mi nombre es Fanixyan, pero no te preocupes por él. Puedes llamarme Fanix si quieres.-
-¿Cómo llegaste aquí?-
-Bueno, es una larga historia, básicamente el Kuningas me trajo aquí porque así lo quiso…- Fanixyan miro a Haukka con cara de tristeza.- Sé que no te sacaran de aquí Haukka…
-Espera… como sabes mi nombre…- Dijo Haukka mientras se alejaba de ella.
-Sé que tú eres el hijo desterrado de Kuningas, se todo sobre ti…- Parecía que sus ojos iban a estallar.
-No, debes estar confundiéndome con otra persona.- Dijo mientras se alejaba. Estaba confundido, asustado y enojado. Haukka estaba realmente perdido. No podía comprender que fue lo que lo que ocurrió, pero una imagen llego a su mente. Era como un recuerdo espontaneo, una imagen que apareció en su mente repentinamente.
Un niño estaba acostado en una cama. Tenía los ojos azules y el pelo negro. Parecía de cinco o seis años. Era una habitación no muy grande, había una cama en el centro, donde dormía el niño. Haukka se sentía como si estuviera en otros ojos, se sentía como en otra persona. Estaba tan concentrado que no vio a la mujer que había entrado. Era hermosa, pero parecía furiosa. Venia arropada con ropas viejas y sucias. Había un tajo en su espalda que llegaba desde la cintura hasta el cuello. La señora levanto al niño y la cargo al hombro como una bolsa. El niño parecía muerto, o al menos estaba inconsciente.
La extraña mujer camino un buen rato por el bosque hasta que llego a un claro. Haukka lo reconoció de inmediato, ese era el lugar donde se habían quedado a empezar a entrenar, cuando Korup los había atacado por primera vez.
El niño hizo un movimiento, fue como un manotazo como para alejar a una mosca. La mujer se asustó, pero se calmó al ver que un hombre llegaba. Era un señor raro, que no llego a reconocer. La mujer dijo algo incomprensible, pero al parecer el hombre la comprendió.
Este se concentró, con si fuera a lanzar un hechizo. Y así fue, haces de luz salieron de sus dedos y apuntaron hacia el niño. Haukka no podía ver eso, debía impedirlo. Se lanzó hacia el chico para impedir que los haces de luz lo toquen. Cerró los ojos.
No sintió nada.
Cuando abrió los ojos se dio cuenta de que era invisible. No había evitado nada. El niño estaba atrás de él, muerto o noqueado. Quiso abrazarlo para protegerlo. Acerco sus brazos para abrazarlo pero fue en vano. Cuando fue a tocarlo se dio cuenta de que volvió al mundo real.
No había caído en la cuenta. ¡Ese niño era Haukka!
-Esa es mi historia- Dijo Eino orgulloso.
-Perfecto Eino. Disculpa que no te hayan dejado entrar al castillo antes.- El Kuningas hizo una reverencia y miro a Satirycon.-Bueno, ya que no saben porque el traje aquí les explicare lo que traigo entre manos. Como ya saben, me he estado comportando extraño últimamente. Bueno. Lo que ocurrió es lo siguiente: hace un tiempo estuve luchando contra Kurop. Me he debilitado tanto que debo absorber otro talismán o moriré muy pronto. Hay un volcán, cerca de aquí. Ahí es donde hizo el hechizo. Todas las piedras de ese volcán son talismanes. Las piedras se han utilizado tanto que deben quedar unas ocho piedras. Pero para que no las atrapara cualquier persona las lleve al centro de la cueva. Cada vez que una de esas piedras en absorbida, se abre el camino para absorber otra.
-Bien, lo haremos.- Dijo Satirycon honorablemente.
- No se olviden de que si sostienen la piedra con las manos, la absorben. Y si se absorben más de cinco piedras, bueno… mueres…
-No se preocupe, nos cuidaremos de eso.- Le respondió Satirycon.
- Bueno, eso dejémoslo para mañana. Hay que festejar que se salvaron. Vamos a hacer el banquete.- Señalo el Kuningas hacia la puerta de su habitación.








