Era como si fuera piedra, como si estuviera en coma; era una sensación tan horrible que me puse mal. Me concentre en escuchar todo, pero no podía. De repente, sentí como si algo me tocara y sentí algo mojado. Era raro, pero algo me decía que eso no era agua. La gota recorrió mi brazo. Claro, era un corte.
Cuando me di cuenta perdía sangre a montones. Perdía el sentido común. Lo último que podía hacer era tratar de no desmallarme. Debía parar la sangre. Decidí tratar de romper el hechizo de Korup y escaparme o tratar de hacer algo. Empecé a delirar por la falta de sangre, pero luego me calme. Trate de mover la sangre, pero no logre nada. Seguía igual que antes. Sorpresivamente, el hechizo desapareció de la nada. Mire hacia todos lados, tenía la mente borros. Mi brazo izquierdo tenía un corte de como quince centímetros y había perdido muchísima sangre. Vi a Korup parado en un árbol, quieto.
Escuche algo, me di vuelta y vi que Haukka era quien me hablaba, pero no entendí lo que dijo. Empecé a marearme, supuse que era por la falta de sangre. Lo último que se me ocurrió fue que debía usar el poder contra Korup.
Trate de concentrarme para atacarlo, pero recordé lo que Haukka me había dicho: cada vez que usaba un hechizo la sangre se convertía en energía; o sea que si utilizaba un hechizo, perdía sangre. No quería saber que podía pasar después de utilizar un hechizo, porque tenía un herida en el brazo que aun seguía perdiendo sangre. Decidí atacar. No me importo lo que iba a ocurrir. Concentre mi energía en mi brazo derecho. Sentí la sangre otra vez. Cuando llego a mi mano, abrí los ojos. Korup seguía quieto, pero parecía que iba a empezar a moverse. Apunte. Libere mi energía...
Inmediatamente surgió de me mano derecha un haz de luz, tan potente que me segó por unos momentos.
Cuando recupere la visión, borrosa, vi a Korup en el suelo, parecía inconsciente. Volví la cabeza y reconocí a Satirycon y a Haukka que venían hacia mí. No recuerdo nada más de ese momento.
¿Dónde estoy?- dije dormido - ¿¡Que pasó!?
Estamos en T`aguhi - Dijo Hau - Te desmallaste por la pérdida de sangre...
Korup!! , ¿¿¡¡Que paso con Él!!?? - dije alterado
Desgraciadamente escapo con la poca energía que le quedaba, pero tu golpe casi lo mata.
¡Bien hecho! - Dijo Satirycon - Has logrado dominar la magia, ¡felicitaciones!
Que es T`aguhi? - Dije más despreocupado
Es una aldea cerca de Mir, está subiendo la montaña. Fue el lugar más cercano al que podíamos recurrir para que curen tus heridas - Dijo Hau - Aquí finalizaremos tu entrenamiento, si es que todavía quieres hacerlo, después de lo que ha pasado...
Mire a mi alrededor. Había una espléndida vista de todo Mir. Era como estar en la sima del mundo. Unas pocas casas y carpas se veían a mí alrededor y parecían abandonadas, pero luego vi salir gente de allí.
-No, terminare mi entrenamiento.- Dije decidido.
-Está bien, pero debes saber que perdiste tanta energía que debes descansar muchas horas, tal vez días- Haukka se sacó la capucha y me miro a los ojos- No vuelvas a hacer eso, casi mueres.
-Bueno- Dijo Satirycon- Nos estamos lleno de nuestro objetivo. Debemos entrar al castillo y ver al Kuningas.- Satirycon miró a Haukka.
-Es cierto, pero Eino debe curarse antes. Yo puedo acelerar un poco su recuperación de sangre. Es más, tal vez pueda hacer algo más…-Saco algo de la mochila. No sabía que era, pero parecía una piedra morada con un brillo en su interior. Tenía como brazos saliendo de su interior. - No te asustes Eino - Me dijo Haukka- Esto te curara por completo.-Miró a Satirycon y este asintió. Me acercó la piedra, que agarraba con un paño. Cuando la agarre sentí que era fría al tacto. Comenzó a calentarse. Llego a quemarme, era como meter la mano en un chorro de agua caliente. Intente soltarla, pero estaba pegada a mí. Me asusté mucho, tanto que empecé a agitar la mano como loco. La piedra empezó a brillar mucho y parecía que se unía a mí.
Recién caía. Era uno de los talismanes que creo el Kuningas. Maldición, no quería vivir por siempre. Por otra parte, una parte de mi gritaba salvajemente que me uniera a la piedra. Era como un grito de auxilio. Quería expulsarla y quedármela a la vez. La piedra se unió a mí.
Todas mis venas brillaron, y parecía que fueran a explotar. Me sentí como nuevo. Tenía tanta energía que era capaz de subir y bajar la montaña muchísimas veces.
-Creo que ya te diste cuenta de que fue lo que absorbiste ¿No es así Eino? – Me pregunto Haukka sonriendo.- Es uno de los talismanes que el Kuningas forjo con sus propias manos. —
-Eino, debes saber que este talismán es una gran responsabilidad ligada a todos esos poderes. Lo que logra el talismán el impedir que pierdas sangre al utilizar hechizos. El talismán unió a tu corazón. Debes saber que si utilizas demasiado poder puedes destruir el talismán, cosa que aún no ha pasado, pero que no probaría.- Me hizo una sonrisa Satirycon mientras hablaba.
-Pero ¿Cómo es que saben todo eso?- Pregunte extrañado.
-Sí, nosotros también absorbimos talismanes. Yo fui hijo de un Zvir malvado, y un trol, pero me uní a la rebelión con el Kuningas. Desconozco la historia de Haukka, pero sé que absorbió un talismán por su forma de luchar. Él fue quien paralizo a Kurop.-
-Bueno, basta de charlas, -Dijo Haukka como evadiendo el tema- debemos entrar en el castillo. Propongo que nos hagamos invisibles. Podrás lograrlo sin tener que practicar. Debes liberar energía a través de todos los nervios. Vamos, inténtalo.- Intente hacerlo. Concentre toda la energía en todos mis nervios. Era mucho más sencillo ahora. Podía mover la sangre tan fácilmente como la mano. Cuando me di cuenta era invisible.- Bien hecho Eino. Aprendes rápido.- Volví a aparecer.
-Perfecto. Solo debemos ir y entrar por la tubería interna. No nos van a poder atrapar siendo invisibles.- Dijo Satirycon
-¿Qué esperan?- Dije y Salí corriendo hacia Mir cuesta abajo.
Cuando llegamos a Mir no había cambiado nada, pero encontramos una especie de soldados. Parecían los del ejército de mi mundo, pero eran distintos. No llevaban armas, sino que llevaban una especie de palos con punta, como lanzas. Espere a Satirycon y a Haukka. Cuando llegaron nos dirigimos hacia un callejón cercano al castillo, el mismo donde nos encontramos con Haukka.
-Bien, ¿cuál es el plan?- Dije decidido mientras nos acomodábamos.
-Es muy sencillo. Tenemos que llegar a la tubería siendo invisibles. Luego seguimos el camino y llegamos hasta la habitación del Kuningas. Tengan en cuenta que el castillo es custodiado por cientos de guardias, y no nos tienen que descubrir. ¿Entendieras?- Nos miró a mí y a Satirycon
Ambos asentimos y partimos hacia el castillo. Estaba nervioso y muy concentrado. Solo miraba adelante y pensaba que era lo que podía pasar. Estábamos llegando al castillo. Solo recuerdo que iba concentrado, tan concentrado que no sentí la mano que me agarro por la cintura y por la boca, impidiendo que hablara.
-No digas nada- Me dijo una voz que no pude reconocer.
Sentí que la mano se aflojaba y me soltaron.
-Listo- Continuo la voz misteriosa. Me di vuelta y vi que era Haukka.- La próxima vez intenta que no te vean los guardias. Casi nos atrapan, tonto-
-Tú también pudiste avisarme antes y no matarme del susto- Dije un poco enojado y tranquilo a la vez.
- Bueno, basta de charlas, seamos invisibles- Dijo Satirycon cortante.
Nos hicimos invisibles en un santiamén. Nos apuramos para llegar a la tubería. Pasamos a través de un ejército de aproximadamente cien hombres.

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